Debuta en trail: guía del principiante

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Aprende a dar el paso del asfalto a la montaña

Debuta en trail: guía del principiante

Iniciarse en montaña es hacerlo casi en un nuevo deporte. Conoce las claves para disfrutar de esta nueva forma de correr.

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Por el Miércoles, 30-01-2013 en

Cada vez somos más los corredores populares a los que nos pica la curiosidad de probar y lanzarnos a correr una prueba de montaña. Las diferencias entre el clásico running, generalmente por asfalto y con perfiles muy estables, y el trail running son muy grandes y notorias.  Aunque ambas disciplinas tengan el correr como la base del ejercicio, no hay duda de que iniciarse en montaña es iniciarse prácticamente en un nuevo deporte. Sabedores de esto y del boom actual del trail, queremos darte unas directrices antes de debutar, con el fin de que disfrutes al máximo de esta nueva manera de correr, asegurándote de que tu cuerpo asimila bien las cargas en este nuevo tipo de terreno. Una vez hayas completado tus primeros entrenamientos y sobre todo, tu primera carrera, no nos cabe la menor duda de que vas a querer repetir y pronto. El trail, ya nos lo confirmarás, crea adicción.

Adaptación al medio
Lo primero que hemos de tener en cuenta cuando debutamos en trail es tener muy claro que vamos a practicar otro tipo de running al cual estamos acostumbrados. El medio en el que vamos a correr se va a caracterizar por ser mucho más duro (más desnivel acumulado y mayor altura), inestable e impredecible ante las inclemencias del tiempo. Esto hace que nuestros ritmos de carrera, nuestras sensaciones y nuestra manera de correr se vayan a ver alteradas. En consecuencia, desde un principio dejaremos aparcadas a un lado las referencias que hasta ahora hayamos podido tener siempre que hemos corrido y nos dedicaremos a disfrutar de la montaña y poco a poco, a adaptarnos a ésta.

El ritmo al cual vamos a ir corriendo va a variar del asfalto, convirtiéndose en más lento y menos constante, ya que al tratarse de recorridos con subidas y bajadas, terrenos donde la superficie varía y carreras, por lo general, más prolongadas en el tiempo, nuestro esfuerzo va a ser más similar a un Fartlek que a una carrera continua. Así pues, olvidaremos hacer comparaciones entre los tiempos que tenemos en asfalto, ya que de poco nos van a servir, puesto que nunca serán correlativos. Por ejemplo, basarnos en el mítico ritmo de paso de un km o el tiempo final en correr X kilómetros. Si eres de los que en asfalto todavía no has llegado nunca a tener referencias de este tipo, mejor, ya que en el trail, vas a descubrir que corremos más por sensaciones que por tiempo.

El tipo de ejercicio, musculatura implicada y trabajo de nuestras articulaciones también va a variar considerablemente, de modo que también prepararemos otro tipo de entrenamiento y poco a poco, nos iremos acostumbrando, ya que al principio, tendremos agujetas y nos dolerá todo. Es normal y positivo, ya que quiere decir que el cuerpo se está adaptando a las nuevas exigencias del terreno y que estamos adquiriendo una mejor condición. De hecho, vamos a aprender a conocernos más y a mejorar limitaciones que podamos tener, ya que correr en montaña es más completo.

Asimismo, no obviaremos la parte técnica, tanto en estilo de nuestra carrera, como en el material con el cual vamos a correr y toda aquella información que nos sirva de referencia. En un contexto de constante cambio de rasantes y escenarios, será fundamental hacerse con la manera más efectiva de correr, así como con el material indicado para las necesidades que vamos a tener que cubrir.
Teniendo claro este primer concepto de cambio de chip, estaremos en disposición de iniciarnos en la aventura, una aventura que requiere de una preparación previa y de un conocimiento del medio.

Debutar en entrenamiento: descubrir y adaptarse a otra manera de correr

Lo primero que haremos, una vez tenemos claro que queremos probar el trail running, es iniciarnos en el entrenamiento, donde estableceremos una base para competir.
- Primero de todo, trataremos de unirnos a un grupo de entrenamiento o salir a correr con gente que ya tenga previa experiencia en trail running. Aunque parezca muy absurdo, además de pasárnoslo bien porque correr acompañado siempre es más ameno, nos servirá para poco a poco, introducirnos más rápido y a fondo en el medio; conocerás rutas y circuitos, aprenderás a entrenar y regularte, te enterarás de futuras carreras, asimilarás nuevos conceptos, etc.

- Es fundamental que nos hagamos con unas zapatillas de entrenamiento que garanticen estabilidad, amortiguación y agarre. Si tienen refuerzo en puntera y laterales, todavía mejor para no hacernos daño con las piedras y asegurarnos que nos duren por un tiempo. No podemos salir a correr por montaña con nuestras zapas de asfalto ya que rápidamente destrozaremos la suela y nos arriesgaremos a lesionarnos con mucha facilidad. Aunque esto suponga una inversión inicial, es más que necesario. Al principio, nos intentaremos hacer con unas zapatillas todoterreno ya que en trail encontramos modelos específicos  en función del terreno y esto, para empezar, no nos interesa.   

- También, en base a la época del año en que nos iniciemos, nos informaremos de cómo ir equipados, dándole especial relevancia a la compresión y a las prendas técnicas e impermeables. Se acabó salir a correr con la retro camiseta de tirantes. La montaña es muy variable y hay que protegerse con más consciencia del frío y de posibles chubascos
- A partir de aquí, empezaremos a entrenar con cabeza, es decir, asimilando bien las cargas y poco a poco, aumentando tanto el volumen como la intensidad. Seremos pacientes y no empezaremos los primeros días como si ya lleváramos tiempo adaptados a la montaña o equiparando el volumen al que estamos acostumbrados a hacer por asfalto. Asimismo, introduciremos cambios en el entrenamiento habitual ya que necesitamos una adaptación muscular y técnica. Para ello, haremos por lo menos, dos sesiones a la semana específicas de montaña, que podemos combinar con entrenamiento en plano y continuo que puede ser, sin problema, en asfalto.

- Es por esto que también nos acostumbraremos a ser más conservadores en cuanto a ritmo y frecuencia, ya que a no ser que conozcamos el recorrido, podemos encontrarnos con la sorpresa de excedernos en el esfuerzo. La experiencia aquí será realmente un grado.

- Empezaremos entrenando por recorridos que no sean muy técnicos, es decir que no sean complejos a la hora de trazarlos, con subidas y bajadas moderadas, para poco a poco aumentar la dificultad y pasar a correr por senderos y más adelante, por trialeras.

- No nos olvidaremos de entrenar también la velocidad aeróbica, con repeticiones e intervalos cortos que nos sirvan para mantener esa explosividad y chispa que siempre se agradece en una carrera, lo cual nos servirá también para los comunes cambios de ritmo del trail running. Es muy importante, hacer series en subidas y bajadas para preparar las piernas, ya que desde un principio, te darás cuenta de que es donde necesitas mayor adaptación. Por ejemplo, hacer 400m en subida y luego bajar recuperando o hacer 400m en subida fuerte, recuperar y bajar también, fuerte. Por lo tanto, no siempre correremos largo y tendido. Por ejemplo, de 3 días de entrenamiento, es aconsejable dedicar uno a estas series.

- Vamos a prestar mucha más atención al recorrido por donde avanzamos que en asfalto, con la mirada siempre alzada y hacia delante. Hemos de avivar tanto nuestro sentido de la orientación (sobre todo si vamos solos) como nuestra capacidad de reacción; ver hacia donde corremos y actuar. Es por esto que una de las normas no escritas del trail es dejarse distancia prudencial con los compañeros con el fin de poder ver bien donde pisamos. Es muy importante este aspecto ya que no podemos despistarnos en ningún momento. A mayor complicación de recorrido, mayor atención, lo cual no quiere decir que corramos con miedo; por mucho respeto que le tengamos al terreno, en trail hay que asegurar la pisada, ya que si lo hacemos parcialmente, podemos sufrir un contratiempo o lesionarnos  con más probabilidad.

- Prestaremos atención a las zonas resbaladizas, sobre todo a las rocas y ramas. Es preferible saltarlas o mojarse los pies que no pisarlas y resbalar.

- Intentaremos desde un principio correr por sensaciones o tiempo general; huiremos de las distancias y los ritmos, ya que el esfuerzo se medirá en relación a la dificultad del recorrido. Y en trail, cada vez que investiguemos nuevas rutas, haremos un entrenamiento diferente.  

- Paralelamente al ejercicio cardio y no tan habitual en el clásico running, tendremos en cuenta fortalecer nuestras piernas, sobre todo al principio, ya que el terreno por el que corremos va a ser más duro y complicado y nuestra musculatura no está suficientemente preparada. Para ello, haremos ejercicios de propiocepción (estimular el equilibrio), fuerza y estabilidad, principalmente de tobillos, ya que su estabilidad repercute en rodillas y cadera y, a la par, evitaremos la tendencia a las torceduras. También trabajaremos los cuádriceps, los músculos más implicados sobre todo en las bajadas.

Hay un sinfín de ejercicios específicos para hacer y es muy interesante introducir un “bosu” a tu plan de entrenamiento y hacer ejercicios de multisaltos o isométricos de piernas como podría ser bloquear las piernas en posición de sentadilla o simplemente, hacer sentadillas en máquina de gimnasio o con peso libre.

- Técnicamente, nos acostumbraremos a correr con zancada más corta, dada la inestabilidad del terreno y las diferentes alturas. Asimismo, tenderemos a alzar más los pies que en el running de asfalto, para evitar tropezar con piedras o raíces que están a ras de suelo.

- En las bajadas es donde vamos a tener más complicaciones ya que son las que dan más respeto y donde se exige más experiencia técnica. Se las tiene que tener respeto, pero no miedo; cambiaremos la idea de hacer zancadas largas y pesadas (por miedo a caer), por pasos más cortos y rápidos que nos permitan controlar más el avance. Como en estos terrenos es fácil resbalar, con zancada corta nuestro otro pie reaccionará rápido para controlar el equilibrio. Otro consejo es inclinar el tronco ligeramente hacia delante con el fin de que los cuádriceps no sufran tanto estrés. En el resto de terreno, intentaremos alinear nuestro centro de gravedad para asegurar la estabilidad en la carrera.

- En las subidas, sobre todo las más empinadas, nos puede ser de gran ayuda andar y apoyar las manos sobre los cuádriceps y aprovechar el impulso. En muchas ocasiones, se sube más rápido que corriendo y el desgaste energético es menor.

- Si llegamos a hacer tiradas largas o simplemente entrenamos durante más de una hora y media, es aconsejable llevar con nosotros siempre un gel energético de fácil asimilación. Del mismo modo, nos haremos con una pequeña mochilita o cinturón/riñonera para llevar suficiente hidratación. En la montaña no encontraremos con tanta facilidad fuentes.
- Podemos aumentar la distancia de nuestros entrenamientos cada semana, dejando una semana de descanso activo por mes, es decir una semana con una bajada de volumen e intensidad, con el fin de regenerar y no estresar a nuestra musculatura.
 

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