Cómo eres como corredor... visto por un pacemaker

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Cómo eres como corredor... visto por un pacemaker-32082
El aspirante, el sufridor, el controller, el follonero... ¿Con cuál te identidicas tú?

Cómo eres como corredor... visto por un pacemaker

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Por el Lunes, 17-02-2014 en

Durante lo que dura una carrera, las liebres o 'pacemakers' viven distintas situaciones y reacciones de los corredores que les acompañan. Antes las había visto como corredor, el pasado domingo lo hice como liebre de la eDreams Mitja Marató de Barcelona y me he permitido hacer una afectuosa clasificación de los atletas populares basada en lo que las liebres les provocamos.

El ‘aspirante liebre’

Es de los que empieza contigo, y termina la carrera contigo. Lo más curioso del caso es que se le ve cómodo con el ritmo, pero no se sale del guión en ningún momento. Tampoco habla mucho, ni necesita apoyo. Simplemente está ahí, a nuestro lado, quién sabe si esperando nuestra pájara para erigirse en salvador del grupo de 2h.

El sufridor

También empieza con nosotros y más o menos termina con nosotros. La diferencia está en que en algún momento de la carrera deja de ir cómodo. Este es el corredor a quien más podemos ayudar desde nuestra posición. Le animamos, le preguntamos cómo va, y si vemos que llevamos algunos segundos de adelanto, aflojamos para que se recupere un poco.

Al ser de los corredores que más nos necesitas, también son de los más agradecidos y de los que más nos emociona al final de la carrera. Son personas que practicamente debutan o que llevan un par de experiencias a menor ritmo y han decidido dar el asalto a un ritmo mayor.

El Controller

Este se mueve haciendo lo que popularmente en ciclismo se llama ‘la goma’. Nos adelanta 100m, vuelve atrás, se descuelga unos metros, y nos vuelve a adelantar. Va bastante cómodo en general, pero le gusta ver la carrera desde distintas ópticas. Cíclicamente reaparece a nuestro lado una y otra vez, pidiéndonos que confirmemos cada vez, que todo va según el plan. ¿Vamos bien? ¿A ritmo de 2h o algo más rápido? Una y otra vez nuestra respuesta es que vamos clavados con el objetivo, pero sabemos que en unos minutos reaparecerá a nuestro lado controlando que estamos cumpliendo con nuestro cometido, y pidiendo información exacta de los segundos de adelanto que llevamos. Es algo así como el Dpto. de asuntos internos de las liebres, y no va a permitir ni un km de relajación en el control del ritmo.

El Follonero

Puede salir contigo, o puedes pescarlo en algún momento de la carrera, pero en cualquier caso su aparición toma relieve en el momento que empieza a no ir bien, y a ver que lamentablemente no puede seguir el ritmo. En ese momento mira su reloj, hace cálculos, y llega a la conclusión que el problema es nuestro y no suyo, porque estamos marcando un ritmo demasiado rápido.

A partir de ahí, primero nos avisa: ¡No vais a 2h, vais más rápido! Le explicamos que no es así y que vamos exactamente al ritmo adecuado, pero no se queda convencido. Su siguiente maniobra es tratar de convencer a su grupo de amigos, y a todos los que nos rodean que vamos demasiado rápidos y tenemos que aflojar. Se diría que cree que si aflojamos, el tiempo pasará más lento. Algo así como si las liebres fuéramos el Dios Cronos, con capacidad para controlar el tiempo. La idea nos gusta pero la responsabilidad nos puede, y preferimos seguir a lo nuestro. Normalmente, termina por descolgarse del grupo.

El abatido

Es sin duda el que nos hace sentir peor, porque vemos que tenemos un efecto muy negativo sobre su estado de ánimo. Se trata de un corredor que ha ido por delante nuestro toda la carrera. Su estrategia no ha sido la de seguir la liebre, sino la de desmarcarse, ganar ventaja y administrarla. Una táctica tan buena como las demás, que muchísimos corredores aplican con éxito. No obstante, cuando falla, es un verdadero jarro de agua fría. El momento en que ese corredor es alcanzado y superado por la liebre, se viene literalmente abajo, y lo expresa abiertamente con un ¡Nooooo! ¡las 2h!. Nos pide auxilio con su mirada y tratamos de animarle para que se reenganche al grupo, pero es tarde y poco podemos hacer para animarle.

 

Y tú, ¿sigues las liebres? ¿te sientes identificado?

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