Mamá, ¿Por qué corres una maratón?

Opinión
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Sonia López reflexiona sobre las razones para afrontar un reto como la maratón

Mamá, ¿Por qué corres una maratón?

Porque el camino preparándola me hace inmensamente feliz. Un camino largo y difícil que me exige un gran esfuerzo pero que, a la vez, me fortalece y hace sacar lo mejor de mí. Recuerda que siempre ganas si haces lo que te gusta aunque te salga mal.

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Por el Jueves, 12-01-2017 en

A raíz de los artículos que llevamos publicando acerca de 'En forma para ser madre', Sonia López quiso compartir con nosotros un post de los que escribe habitualmene en su blog Equilibrum.

- Mamá, no sé porqué te esfuerzas tanto en preparar la maratón.

-¿Por qué dices eso?
- Porque, por mucho que te entrenes, no la vas a ganar.
- ¿Y tú crees que si no la gano no habrá valido la pena tanto esfuerzo?
- No lo sé. Madrugas mucho para poder entrenar, le explicas a papá que te duelen las piernas y a veces dices que tienes ganas de abandonar.
- ¿Quieres saber por qué no abandono?
- ¿Por qué mamá?

- Porque el camino preparándola me hace inmensamente feliz. Un camino largo y difícil que me exige un gran esfuerzo pero que, a la vez, me fortalece y hace sacar lo mejor de mí. Recuerda que siempre ganas si haces lo que te gusta aunque te salga mal. 

-Yo también creo que vale la pena esforzarse porque cuando lo hago las cosas me salen mejor.

Albert Einstein decía que la fuerza más poderosa que existe es  la de voluntad. En una sociedad donde prima la inmediatez, donde el sacrificio o la disciplina están infravalorados,  donde se busca conseguir las cosas en ipso facto, la pedagogía del esfuerzo queda renegada a un segundo término.

Soy de las personas que creen que, las cosas que merecen la pena en esta vida, siempre requieren de un gran esfuerzo. El secreto para conseguir aquello que nos propongamos se basará en nuestra fuerza de voluntad y en creer que el trabajo merecerá la pena. Soy de las que me comprometo con mis sueños hasta que se vuelven inevitables y me gustaría que mis hijos hiciesen igual.

Como padres en muchas ocasiones facilitamos la vida a nuestros hijos de tal manera que les acabamos convirtiendo en unos verdaderos inútiles. Por evitar su sufrimiento, no querer soportar las quejas o no oír los llantos, les damos todo aquello que nos piden sin plantearnos si deberían ser ellos quien lo consiguieran con su trabajo y empeño.

La voluntad es la fuerza del querer, del desear que algo ocurra, la mejor aliada para soñar y por este motivo, tenemos la OBLIGACIÓN de entrenar la voluntad de nuestros pequeños, de darle un protagonismo esencial en la educación. La fuerza de la voluntad se fortalece con la práctica y deberíamos hacerles que la entrenaran a diario. No quiero que mis hijos sean personas conformistas, caprichosos, inconstantes o poco entusiastas.

Me niego a que mis hijos sean esclavos de sus instintos debido a la incapacidad de esforzarse. Quiero que sean capaces de decidir libremente qué deben o no hacer, aprendan a asumir las consecuencias de sus decisiones y no bajen los brazos ante una dificultad. La falta de voluntad hará que, cuando deban tomar una decisión o comprometerse con algo, les pueda lo inmediato, piensen únicamente en los beneficios presentes y no tengan en cuenta las consecuencias de sus actos.

La voluntad debe convertirse en un elemento básico en la educación emocional de nuestros pequeños y nosotros debemos ser el mejor de los ejemplos. Demostrémosles que nosotros conseguimos todo aquello que nos proponemos gracias a nuestro tesón. Entrenémosles a diseñar el mejor plan de acción ante un problema, a conseguir que la motivación autónoma sea la mejor aliada ante los retos, a administrar la voluntad, a buscar mil y una soluciones a los problemas, a perdonar los propios errores aprendiendo de cada uno de ellos.

Les animaré a que compartan conmigo cada uno de sus propósitos, les ayudaré a llevar el registro de sus logros, les daré la mano cada vez que se encuentren con una piedra en el camino. Les demostraré que las cosas no salen casi nunca a la primera, premiaré con entusiasmo y satisfacción cada uno de sus triunfos. Les enseñaré que la queja no será una buena aliada si queremos conseguir nuestros objetivos y aprenderemos juntos a escuchar nuestro corazón cuando la mente quiera ceder protagonismo a la renuncia. Confiaré en ellos y en sus capacidades.

Trabajaré a diario para inculcar en ellos el valor del esfuerzo, la voluntad para la lucha, la capacidad de sacrificio y el afán de superación. Seré exigente y firme cuando sea necesario, motivaré la autonomía y el compromiso, confiaré en ellos y celebraremos juntos cada nuevo éxito. Aprenderemos a dominar la impaciencia y la indecisión, venceremos el mal humor, entenderemos la importancia que tiene hacer el trabajo bien hecho.

Y si hijo, no ganaré la maratón pero puedo prometerte que, si logramos cruzar juntos la línea de la meta, seremos capaces de sentir que tocamos el cielo con las puntas de los dedos durante unos segundos.

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