¿Por qué Zegama es Zegama?

Opinión
¿Por qué Zegama es Zegama?-112207
Una carrera con un espíritu único en el mundo

¿Por qué Zegama es Zegama?

¿Qué es lo más especial de esta carrera? ¿El recorrido? ¿Las vistas? ¿La dureza? La unión de los tres factores junto a un público entregadísimo la hacen única e irrepetible

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Por el Lunes, 29-05-2017 en

Zegama es una población guipuzcoana de poco más de 1.500 habitantes. Ubicada en el fondo de un valle, a orillas del rio Oria y cercana a una de las mecas del queso, Idiazábal.

Desde hace más de 15 años, durante un fin de semana se convierte en el centro del trailrunning mundial.

No es objetivo de este texto narrar lo que ocurrió deportivamente este fin de semana, en el que por cierto, se batieron los records en categoría masculina y femenina.

Preferimos contaros por qué Zegama es lo que es y por qué es una carrera que no puede perder el espíritu que tiene.

Limitada a 500 corredores y con miles y miles de solicitudes cada año, se ha convertido en uno de los dorsales más anhelados por cualquier corredor de montaña.

El pueblo es encantador, la iglesia, los pequeños bares en la plaza del pueblo, la pensión y sobre todo la hospitalidad de sus habitantes.

Aquí no hay pasta party, no hay grandes ferias del corredor, los aficionados y participantes llegan los días previos, recogen el dorsal y todo el mundo sale a la calle a tomarse unos pinchos, vinos o unas cervezas. Algunos se atreven a asegurar que es la mejor manera de hidratarse para afrontar los 42 kilómetros y los 5.472 m. de desnivel total acumulado.

Paseando por la calle se mezclan corredores élite, amateurs, acompañantes y una parte fundamental de la prueba, los voluntarios y la gente del pueblo. Aquí va uno de los secretos, la gente del pueblo. En pocos sitios podrás sentir como te abren las puertas de sus casas. 500 voluntarios de la zona que se vuelcan con los forasteros que nos atrevemos a turbar la tranquilidad del lugar.

El día de la carrera, a las 09:00 se da la salida. Con 500 corredores, el acceso es rápido. No hay cajones, no hay stress, todo es rápido. Hasta la misma salida, pistoletazo y con un recorrido por las calles del pueblo, el pelotón se estira, para afrontar a escasos 1.000  metros de haber comenzado, la primera gran subida del día.

El recorrido es espectacular, variado, técnico, exigente, discurre entre bosques, cumbres escarpadas, grandes campos de hierba y senderos interminables.

Dividido en 4 grandes partes, la primera en un constante sube y baja permite a cada uno tomar su posición en el grupo. El nivel y exigencia tiene unos horarios de corte para no despistarte, sobre todo los primeros que a los corredores de nivel medio les obliga a apretar bien los dientes.

La segunda parte del mismo, es la mítica y famosa parte del monte Aizkorri. La primera subida, no tan famosa como la que vendrá después, aún se hace más dura que la segunda, que se inicia en el St. Espiritu. Un lugar donde, tras atravesar una cueva, sales a una explanada en la que te esperan miles de personas.

Empieza el gran desnivel. Primero en el interior de un hayedo para acabar tomando aire en una zona escarpada. Tras la cima, una cresta aérea te lleva al descenso donde arranca la tercera parte del itinerario.

Un tramo, de poco desnivel, por sendas que permiten correr, por grandes campas de césped, con caballos y vacas que no se alteran por el paso de los corredores, un tramo que acaba en una encerrona de poco más de un kilómetro que te deja en un collado a 1425 m.

Desde aquí y ultima parte del recorrido una bajada de casi 12 kilómetros por sendas y pistas que discurren por el interior de un bosque.

A unos 5 kilómetros de la llegada, ya escuchas los gritos y aplausos en el fondo del valle. Unos kilómetros que salvo hayas reservado fuerzas, se hacen eternos y no acaban nunca.

La llegada en tan mítica como la subida a Aizkorri, donde los aplausos te empujan y hacen que subas. En la meta, los gritos, júbilo y vítores te hacen alargar la zancada para alcanzar la llegada con una sonrisa en la boca.

 …y después de esto, te preguntas, ¿Qué es lo más especial? ¿El recorrido? ¿Las vistas? ¿La dureza? Quizás los tres factores, que hacen que cantidades enormes de aficionados se acerquen a las laderas de la montaña para animar. O quizás nada de esto y el secreto está en la magia del lugar donde se celebra. Sea lo que sea, Zegama es única e irrepetible. Una de las pocas carreras, que cuando acabas no piensas: jamás volveré. Una de las pocas que cuando acabas, piensas, cuándo abren el sorteo para conseguir la plaza el próximo año.

Zegama, no cambies, sigue siendo como eres, que es la única manera de no perder la magia.

Zegama, eskerrik asko.

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