Un finde de turismo runner: L'Espluga de Francolí

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15 kilómetros bajo un calor sofocante

Un finde de turismo runner: L'Espluga de Francolí

"Finde solitos" Esa fue la excusa que utilicé este fin de semana para ir a correr. Y funcionó!

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Por el Lunes, 01-08-2016 en

Este fin de semana ha sido turístico–deportivo. Todo nació buscando una carrera que puntuase doble en la liga Championchip. En verano, la verdad, es que no hay mucho donde elegir... los corredores están más desperdigados por el mundo disfrutando de sus vacaciones, el factor calor se nos pone en contra, también hay quien se toma un tiempo de relax, el merecido descanso del guerrero... y todo ello hace que la oferta de carreras en los meses de julio y agosto, especialmente en asfalto, sea muy limitada. Por calendario, me encajaba únicamente la cursa de l'Espluga de Francolí y aun sin tener referencias, el hecho de que ésta fuera la 39ª edición me daba ya unas garantías de calidad. Total, que si quería puntuar, me tocaba alejarme un poquito de Barcelona y, ya puestos, ¿porqué no organizar un fin de semana turístico-deportivo y exprimirlo al máximo? También tengo que reconocer que esta era la única manera de “engañar” a mi marido para que me acompañase; la idea de conducir 125km de ida y otros tantos de vuelta sólo para ir a correr no le acababa de encajar, pero bien envuelto en un pack “finde solitos”, la cosa cambia.

Así que el sábado por la mañana cogimos el petate y hacia l'Espluga que nos fuimos.

L'Espluga de Francolí es una pueblo ubicado en la Conca de Barberà, tierra de viñedos y monjes. El pueblo se encuentra en plena ruta del Císter, sólo a un par de kilómetros del Monasterio de Poblet, patrimonio de la humanidad.

La cursa de l' Espluga tiene lugar el último domingo de julio y forma parte del programa de actividades de las fiestas del pueblo. ¿he dicho “fiestas”? Pues sí. Acordaros más adelante de este pequeño detalle.

Nos alojamos en un hostal, ubicado en el punto neurálgico de la carrera. Aquí se recogen los dorsales, la bolsa del corredor, se reúnen los corredores, se encuentran amigos, se calienta y a pocos metros está el arco de salida y meta, que también se cruzan en el km. 2, aproximadamente.

¿Os he dicho que la temperatura, poco antes de la carrera, era de 35 grados? Sí, 35. Ni uno menos. Y sombra, poca. Y yo, que habitualmente salgo a correr a eso de las 6 de la mañana, no estoy acostumbrada es estos calores....

Me presento en la zona de salida y con semejante sofoco, ni caliento.... y a pesar de que hay 7 puntos de avituallamiento a lo largo del recorrido, decido llevar mi botella de agua... Yo, que sólo bebo si corro distancias largas como maratón...

En esta carrera hay premios en metálico para los y las primeros tres corredores de la clasificación general y ello hace que sea más golosa que cualquier otra cursa popular que se pueda disputar por estas fechas, por lo que veo caras de corredores de muy alto nivel.

Se acerca la hora de salida y nos ponemos ya bajo el arco de salida. Tic tac tic tac.... van pasando los segundos y Pum! Disparo de salida y yo salgo, sí, pero no con la agilidad habitual. Ya salgo lentita, con el cuerpo aplatanado por la canícula. Y así sigo. Con una tentación de parar y regresar al fresquito de mi habitación de hotel que es impresionante! Pero me digo, venga, un poquito más, aunque sólo sea para quemar unas cuantas calorías de los millones que has ingerido hoy.... y así sigo, pasito a pasito... llegando al km 2, de nuevo en el arco de salida, paso delante de mi marido, quien en primera fila, entre el público, grita mi nombre, y eso me da ánimos para seguir un poquito más.

Dos kilómetros más adelante, otra tentación de las grandes... en forma de cartel indicando el desvío para los corredores de 5km. Uff! Qué ganas de tomar el atajo y acabar con el sufrimiento! Qué calor! Me hierven los sesos! Voy tirándome agua por encima y dando pequeños sorbitos. Y veo el monasterio. Lo veo sin verlo, sin disfrutarlo. Ya tendré tiempo mañana. Ahora solo pienso en seguir adelante, que no es poco. Y voy tan justita de fuerzas, tan agotada por el calor, que tengo que hacer parte de la subida andando. Las chicas que me adelantan no me dicen ni pío; hay tanta rivalidad entre féminas que seguro que piensan “Bien! Una menos!” pero los chicos me van dando ánimos y me dicen que siga adelante.

Voy haciendo la goma.... corro, ando, corro, ando.... hasta que finalmente, ya muy pasado el Monasterio y mi purgatorio personal, toco el cielo: termina la subida, giramos 180 grados y enfilamos el camino de vuelta, en bajada. Personalmente, no se me dan bien las bajadas, me gustan más las subidas, pero hoy agradezco la pendiente negativa que me lleva sola hacia la meta. Vamos descontando kilómetros, cruzándome con caras amigas y nos vamos saludando, lo que hace este tramo también más ameno, y al rato, paso de nuevo delante del monasterio, aunque no me doy ni cuenta. Eso sí, cuando diviso a lo lejos las casas del pueblo, hasta me embarga la emoción! Eso significa que no pueden faltar más de dos kilómetros! Venga, que ya lo tenemos!!!! y sigo, sigo, sigo... hasta que llego y cruzo la meta.

Muy contenta de haber podido acabar en condiciones físicas aceptables, pero decepcionada por mi rendimiento en carrera, me hidrato como nunca y decido darme un homenaje, por lo que me dirijo a la carpa de los masajes. Sí, aquí miman al corredor y hay tres fisioterapeutas que nos dedican unos 7 minutitos de gloria. Mmm, qué gusto! Y ya con las piernas como nuevas, la ropa empapada de tanto sudor y el agua que me he ido echando por encima, con bastante frío, me retiro a mis aposentos para darme una buena ducha de agua caliente y salir a cenar.

Y ahora, retomando aquello de que l'Espluga de Francolí está en fiestas, si durante el día el pueblo recuerda bastante a una “ghost town”, con gran parte de sus pocas tiendas cerradas y poca vidilla en sus calles -por otro lado, totalmente justificable con una temperatura de 35º-, de noche la cosa cambia. La temperatura baja considerablemente; la exclusión térmica se nota, y mucho, por lo que apetece estar en la calle. Las terrazas de la plaza del pueblo se llenan y luego.... ¡que empiece la música! Y empezar, empieza. Pero acabar.... eso ya es otro cantar. La orquesta para los más maduritos deja de tocar pasadas las cuatro de la mañana, mientras que en la otra plaza, la de los más jóvenes, siguen con la música hasta las seis, hora en que toma el relevo la xaranga. Total, que como te alojes en alguno de los establecimientos del pueblo pasas la noche.... sin pegar ojo! Así que, total, para no dormir, lo mejor es levantarte pronto y salir a rodar, recorriendo la misma ruta de la carrera, pero con temperatura más que agradable, para seguir con un buen desayuno y una visita turística a la zona, aprovechando las invitaciones incluidas en la inscripción que permiten visitar la cueva, la destilería y, como guinda, el Monasterio de Poblet.

El año que viene, más y mejor???

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