Una vivencia que te abre la piel

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Una vivencia que te abre la piel-82944
La Oxfam Intermon Trailwalker, desde dentro

Una vivencia que te abre la piel

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Por el Lunes, 09-05-2016 en

Desde que la descubrimos hace tres años, a la redacción de running.es nos ha fascinado la Oxfam Intermon Trailwalker. Y aunque tenemos ganas de llevar a cabo este reto, ningún año nos hemos decidido. 

En esta ocasión, aprovechamos la participación de nuestro amigo Marc Cornet para trasladaros lo que él, junto a los integrantes de su equipo, vivieron los 100 kilómetros solidarios que separan Olot de Sant Feliu de Guíxols. Algún año seremos el equipo de running.es quien os lo cuente en primera persona. De momento os invitamos a disfrutar de las vivencias de Marc. 

Olot.Un viaje de mil millas empieza con el primer paso”, decía el filósofo chino Lao-Tsé. Una frase, leída y escuchada en infinidad de ocasiones, y que siempre acaba volviendo. Sin fin. Como un primer paso. Y el segundo. Y el tercero. Y así hasta completar una cifra redonda. Y mágica. 100 quilómetros. Un viaje. Completo. Como un todo que no admite fisuras.

Sant Esteve d’en Bas. La Oxfam Intermón Trailwalker no es una carrera. Ni una competición. Ni una marcha, aunque los organizadores así la bauticen. Se trata de una experiencia. De una vivencia que te abre la piel. Que te revuelve las entrañas, cargándolas de emoción y compañerismo. Más de lo que estás dispuesto, incluso, a admitir cuando estás inmerso en ella. Varios días después de haber experimentado este episodio vital, me pongo delante del ordenador.

Sant Feliu de Pallarols. Con la objetividad que ofrece la distancia. Pero me doy cuenta que la Trailwalker es distinta a todo. Te impide ser objetivo. La intensidad de lo vivido revuelve a mis dedos. Y mis pensamientos. Sin que yo pueda, ni quiera, hacer nada para evitarlo. Me doy cuenta que supera cualquier experiencia relacionada con el mundo del running que haya podido vivir anteriormente. Es la Trailwalker. Y, con eso, esta todo dicho.

Amer. He corrido maratones, he completado ultramaratones, he participado en pruebas por etapas… pero nunca había participado en una carrera por equipos. El valor del individuo está por debajo del grupo. El equipo es lo más importante. Nuclear. Tanto es así, que los participantes están obligados a entrar y salir de cada control con sus colegas. El grupo pasa a respirar como un solo corredor.

(Foto: Albert Jorquera)

Anglès La Trailwalker tiene muy claro este punto. De hecho, uno de los equipos participantes fue descalificado por la falta de compañerismo reinante. Uno de sus corredores perdía fuelle. Y sus compañeros tiraron hacía delante. Dejándolo solo. Sin esperar. Y éste no es, repito, un viaje individual. Ni competitivo. Los expulsaron. No habían entendido nada. Nada de nada.

Girona. Se trata de un sesgo, anecdótico dentro de los más de 400 equipos participantes. Corredores con garrafas de agua. Con megáfonos. Con silbatos. Algunos disfrazados. La serpiente multicolor –cogiendo el símil que se ha hecho tan famoso en el Tour de Francia- ofrece mil pieles diferentes entre Olot y Sant Feliu de Guíxols. Pero todas ellas marcadas por un carácter festivo y solidario.

Quart. Eso sí, a medida que los quilómetros se acumulan, las ganas de cantar, bailar y jugar disminuyen. El cansancio se impone. Como una losa. Hasta llegar a meta, donde el cuerpo revive. Saca fuerzas de donde no las tiene para disfrutar, al máximo, con la consecución del objetivo.

Cassà de la Selva. Unos corren. Alrededor del 10%. Otros marchan. La gran mayoría. Y en menos de 32 horas completan el recorrido. Este año, más del 90% de los equipos lo consiguió. Ganaron la batalla al cansancio. Al calor. A las flaquezas que siempre aparecen. Y a las llagas que se marcan en los pies. Como un tatuaje pasajero, memoria del recorrido.

Llagostera. En mi caso, completé los 100 quilómetros con el equipo del programa de radio “Ultraesports”, de RAC1. Xavi, Guillem, August –a manos de una hand bike- y yo. 4 mosqueteros con un objetivo claro. Llegar a Sant Feliu de Guíxols para poder sumar nuestro granito de arena a este proyecto que este año celebraba su sexta edición. Al final, en nuestro caso, más de 2.200 euros recaudados. En el global de la Oxfam Intermón Trailwalerk, más de 900.000 euros.

Santa Cristina d’Aro. Nosotros pusimos las piernas. El resto del equipo, el corazón, el compañerismo y la organización. Raúl, Tóbal, Albert, Cinto y Robert nos hicieron sentir unos privilegiados. Todo preparado. Todo listo en cada punto de avituallamiento. Un sándwich de Nutella. Ahora un plato de arroz. Aquí un poco de Coca Cola. Y un bidón de bebida isotónica rellenado. Y así durante más de 17 horas.

Sant Feliu de Guíxols. Hasta llegar a la meta, a las 3 de la madrugada. La Trailwaker es como la vida misma. Sabemos el principio. Conocemos el final. Pero si sólo nos centramos en esas dos partes, nos olvidamos del camino. De respirar. De coexistir. De unir esas dos partes. Indivisibles. Y termino, uniendo principio con final, con un proverbio árabe: “aquel que no viaja, no conoce el valor de los hombres”. 

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