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Consejos - Entrenamiento - martes, 16-06-2015

Beneficios de entrenar en altitud

Vivir cerca del mar tiene muchas ventajas pero a la hora de entrenar salen ganando los que viven entre los 1500 y los 2500 m de altitud (siempre que la temperatura exterior no sea demasiado fría, claro). A nivel del mar, nuestros glóbulos rojos tienen poca dificultad para funcionar al 100% de su capacidad; es lo que se llama “saturación de oxígeno”. Esta saturación se mide con un pulsioxímetro (una pinza que se coloca en el dedo índice que también mide el pulso). Lo habitual es que la saturación, al nivel del mar, esté por encima del 97%.

A medida que ganamos altitud, la presión atmosférica se reduce y dificultando la actividad de nuestros glóbulos rojos. Reduciendo así nuestra saturación de oxígeno. Dependiendo de la altitud a la que nos encontremos, ésta puede caer hasta un 90% (e incluso menos con alturas de 3000m). Esto significa que nuestros glóbulos rojos transportan menos oxígeno a los músculos y, por lo tanto, cualquier ejercicio es más difícil de realizar que a nivel del mar.

Para contrarrestar esta situación, nuestro corazón late un poco más deprisa. Esta es la reacción más inmediata a la altitud, pero no la más importante. La adaptación que buscan los deportistas que entrenan en altitud es la creación de más glóbulos rojos, aunque esta respuesta no es tan inmediata. Durante las primeras semanas en altitud, el cuerpo se adapta creando nuevos glóbulos rojos. De esta manera, llegua más oxígeno a los músculos aunque estos sólo vayan al 90% de saturación.

Al volver al nivel del mar, los glóbulos rojos volverán a saturarse al 100% y, como hay más que antes, lo lógico es que nuestro nivel deportivo vuelva a aumentar. Por desgracia, esta adaptación no es permanente y, regresados al nivel del mar, se destruirá el excedente de glóbulos rojos durante las primeras semanas.