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Club Running - Crónicas - jueves, 13-06-2013

Camino de Santiago, corriendo (5º día)

Lo primero que hice hoy al levantarme fue comprobar si podía correr. Eran las 6.30 de la mañana y aún había mucha gente durmiendo, salí al pasillo y correteé arriba y abajo para ver como respondía la rodilla. El examen no fue del todo negativo, pero la notaba aún un poco dolorida. Creo que el problema viene de los cuádriceps que están muy sobrecargados y eso me provoca dolor en el lateral de las rodillas, siendo la derecha la que parece estar más afectada. El albergue donde dormimos anoche estaba muy concurrido, había muchos peregrinos y además alguno de los hospitaleros era un poco, digamos, “agrio”. Desayunamos unos Donuts y a las 8 ya nos habían echado a todos a la calle. Aún no había amanecido e iniciamos la ruta de hoy. Empezamos muy lentos para calentar, todo eran quejas de dolor así que pusimos una norma : “está prohibido decir „me duele‟ durante el trayecto de hoy”.
 
La etapa que teníamos hoy planeada era un poco “para descansar”, unos 23 kms en un recorrido bastante asequible con mucha carretera. Nos costó coger el ritmo de carrera, los kilómetros empiezan a pesar. Dani y yo tomamos la delantera mientras Raúl luchaba contra sus molestias a unos metros. Cuando llevábamos una hora corriendo atravesamos un pueblecito muy bonito y mirando las casitas tuve la mala fortuna de pillar, con el pie derecho, un agujero en el asfalto. La torcedura de tobillo fue inminente y la posterior caída fue, cuando menos, espectacular… para intentar evitar daños mayores di una extraña pirueta en el aire que desembocó en una caída de espaldas que, afortunadamente, fue amortiguada por la mochila. Dani, asustado, exclamó “¡dime que no te has hecho daño, dime que no!” yo me levanté del suelo como un resorte y seguí corriendo con una evidente cojera y medio riendo, medio murmurando le dije “ay, ay… no, no… estoy bien, estoy bien”. Dani al ver que podía seguir y escucharme reír empezó a decirme “lástima no haberte grabado, vaya pirueta has dado” y entonces dio rienda suelta a las carcajadas. Me fui recuperando poco a poco y la cosa no pasó a mayores. Al rato empezamos a amenizar el camino cantando. Cantar nos distrae y nos hace olvidar las molestias y los kilómetros que aún nos quedan por delante. Al rato nos adelantó un ciclista que, al pasar por nuestro lado, aminoró la marcha. Entonces nos miró y nos dijo “de parte de vuestro compañero que viene detrás.. sois unos cabrones” sonrió y siguió adelante, entonces se giró y dijo “ah, y dice que os acordéis de la cena”… nos quedamos un momento mirándonos y al segundo empezamos a reír a mandíbula partida. Lo de la cena es una broma que tenemos entre los 3 y que nos hizo mucha gracia que nos llegara a través de un mensajero en bicicleta, eso sólo se le podía ocurrir “al Raulillo”. Es obvio que estos fueron los mejores momentos de la etapa de hoy.
 
Al llegar al kilómetro 15 teníamos previsto hacer una pequeña parada para bebernos un Aquarius y comernos un plátano que llevábamos en la bolsa, pero la rodilla empezaba a dolerme y al hacer el amago de parar noté que si se me enfriaba no iba a poder seguir, así que, como sólo quedaban unos 9km propuse llegar hasta nuestro destino final sin parar ni un instante. Nos tomamos el avituallamiento mientras seguíamos corriendo y enfilábamos una larga subida. En ese tramo empezamos a adelantar bicicletas y Dani se extra-motivó acelerando ligeramente el ritmo. En los últimos kilómetros había 2 opciones, yo opté por un camino de tierra, mientras que Dani siguió su pugna, por la carretera, con los peregrinos ciclistas. Mi camino transcurría por unos bonitos viñedos que llegaban hasta nuestro destino final, Vilafranca del Bierzo.