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Noticias - Reportajes - lunes, 24-10-2016

Cómo afrontar una carrera en malas condiciones

Pues sí, esta semana ha sido especialmente durilla. Y no es que haya pasado nada grave, pero yo no he estado en forma, ha tenido mucho trabajo, he empezado un entreno nuevo…. y alguna que otra cosilla más.

En fin, si no hubiera momentos como estos, no podríamos apreciar los buenos. No todo han sido malas noticias, pero la mayoría de sucesos han sido de este estilo.

El lunes me desperté con el cuerpo baldado, cansada y lo achaqué a la carrera del domingo. Nunca antes me había pasado factura competir. Ni tras hacer una maratón o la trailwalker de 100km, pero el estrés acumulado en las últimas semanas por ir bastante desbordada en el trabajo ha tenido sus consecuencias. Bueno, pues con el cuerpo de trapo, me dispuse a afrontar mi planificación de entrenamiento semanal, empezando justamente ese lunes a raíz del fichaje por un nuevo club y, por supuesto, no podía empezar saltándomelo. Por suerte, al ser el día post-carrera, era fácil: 50’ de carrera continua, técnica de carrera y 8 progresivos de 80 metros.

Después del entrenamiento le seguía la jornada laboral, seguido de aquello que llaman “sus labores” -qué os voy a contar qué no sepáis- y a la cama. El martes me levanté un pelín mejor pero sin haber recuperado, y eso ya me hizo dudar en si mi lamentable estado físico era consecuencia del domingo o bien se debía más bien a unos simpáticos virus que mi hijo tuvo a bien de invitar a casa y nos acompañaban desde la semana pasada. Pero con la dieta equilibrada y llena de verduras con sus pertinentes vitaminas y al ser “chicarrona del norte” por parte de madre, creía que yo no podía constiparme. Así que me fui a entrenar. Un vis-á-vis con un Personal Trainer. Sin poder escaquearme detrás de alguna columna. A cumplir. Tocaba entreno de fuerza, justo lo que yo no tenía…. qué mal repartido el mundo.

Pues terca como una mula hice mi entreno, fui a trabajar, fui a hacer un recado a la otra punta de la ciudad, volví a casa a “mis labores” y me preparé psicológicamente para el entreno del día siguiente, completamente nuevo para mí: series de 1000m seguidas de cuestas de 80m. Solo de pensarlo ya me ponía mala… y no sólo en sentido figurado. Los virus empezaban a colonizar mi garganta. Las dudas me asaltaban ¿debería descansar? Pero yo seguí con el planning. Y como dice aquello de “no quieres caldo, pues toma dos tazas”, entreno por la tarde, aunque me decanté por rodar, simplemente. Eso sí, muy contenta porque estrenaba un conjunto nuevo muy fashion, lila, casi entonando con el color del día contra el cáncer de mama.

El jueves por suerte, fue un día fácil; tocaba bici. Y por la tarde al fisio para descargar piernas. El tema “mis labores” por suerte lo había ya resuelto mi marido. Otro momento feliz de la semana: llegar a casa y encontrar la cena preparada, los bocatas hechos… en fin, se agradece. Y no es que sea tarea mía, es que habitualmente él llega a casa más tarde que yo y se ocupa de la logística; mientras yo soy la del avituallamiento.

Bueno, poco a poco la semana iba tocando a su fin… bien. Pero los virus iban ganando terreno. Y mi reto del domingo cada vez se acercaba más; y es que no os lo había dicho, pero este domingo se corría en Sabadell el Campeonato de Catalunya de 10km en ruta y, teóricamente iba a ser mi primera participación en un campeonato de este tipo, de gran transcendencia. Lógicamente no aspiraba a ganar, pero me gustaría poder dar lo mejor de mí y conseguir una posición digna. Ahora mismo, la única posición viable, sería la horizontal, con unas buenas mantas y unas buenas horas de descanso.

En estas condiciones, con más pena que gloria, salí a afrontar el entreno del viernes, que también era nuevo para mí. 2x8x200m. Al salir de casa, mi cuerpo ya no quería saber nada ni del calentamiento. ¿Por qué te has tenido que levantar? me gritaba. Pero me parecía muy feo avisar a las 5.55h, cuando ya estaba de camino a mi compañero de fatigas y decirle que no iba, así que encontré fuerzas de donde no había y logré acabar el entreno.

Eso sí, después los virus acabaron conmigo y tuve que estar en la cama.

La cabeza se te llenade dudas, preguntas, ilusión…. ¿estaré bien para correr el domingo? ¡Quiero estar bien! ¿La ilusión de competir esta carrera, cura? En tal caso, creo que estaré en la línea de salida.

Suerte que semanas como esta se presentan rara vez, porque una es de carne y ya se sabe, la carne es débil -por lo menos la mía- y una paliza de este tipo no la aguanta fácilmente… ¡Chicos, me voy a descansar!

El desenlace de la aventura

A pesar que des del lunes no levanto cabeza y cada mañana mi medición de “Heart rate variability” me lo ha recordado, incluso con varios “3” bien rojos recomendándo reposo absoluto, hoy mi catarro y yo, ya algo mejorados y con una puntuación de “6” en color amarillo, que viene a decir “tú misma… ya eres mayorcita y sabes lo que te conviene, pero si te obcecas, pues tira millas”, nos hemos ido al Campeonato de Catalunya de 10k en ruta. Cargadita de pañuelos, que he ido usando a lo largo de toda la mañana, eso sí.

El ambiente me ha sorprendido, pues es muy diferente al de las carreras populares. También hay corredores populares no federados, pero a mí me ha dado la impresión de que solo se ven camisetas de clubs de atletismo. Todo el mundo se conoce, se saluda, se abraza, todos hacen su técnica de carrera con el calentamiento…. En fin, sensación de nivel.

Hay que decir que los y las tres primeros/as absolutos tienen premio en metálico e imagino que ello también hace que quien crea que puede optar a él se presente en la línea de salida.

Entre la baja forma y lo que estaba viendo, ni que decir tiene que estaba un poquito asustada… Por suerte, el clima fue clemente y la temperatura, agradable, ideal para correr. El trazado de esta carrera no es llano, es todo un subir y bajar, sin demasiada inclinación, salvo algún puente, pero con tramos largos y algo castigadores.

También hay un giro de 90 grados muy estrecho y otro, aproximadamente un km después, de 180 grados.

Aún así, la carrera no es lenta.

Me ha sorprendido que siendo Campeonato de Catalunya no hubiera alfombra de control de chip a la salida; solo en meta. Y mi salida no ha sido especialmente ágil… De hecho, contrariamente a lo que suelo hacer, no he ocupado una posición en la tercera o cuarta fila. Hoy me he colocado más atrás al no conocer el nivel de mis “rivales” y temer que las chicas fueran unas cracks y salieran a 3 minutos el kilómetro y yo, con mi constipado, fuera además más lenta de lo habitual. Por miedo, he preferido ser conservadora. Y al salir, se ha formado como un tapón en que los primeros pasos han sido… ¡andando!

Durante el primer km y medio me he encontrado lenta y con las piernas pesadas, pero poco a poco me he ido adaptando y, aunque al final he sufrido de lo lindo e iba con los bronquios ardiendo, he conseguido un maravilloso ¡tercer puesto de mi categoría!