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Club Running - jueves, 16-05-2013

¿Cómo se vive un ultra trail siendo el último?

El pasado 10, 11 y 12 de mayo se celebró la Vª Costa Brava Xtrem, ultra trail que va desde Blanes hasta Portbou recorriendo toda la costa por los caminos de ronda. La carrera se divide en 3 etapas de 25, 55 y 55Km. En total 135 km de espectaculares paisajes. En running.es seguimos la carrera en vivo pero desde otra perspectiva, quisimos vivirla desde atrás. Junto con esos corredores de los que nunca se habla, pero cuyo esfuerzo por llegar a meta es incluso superior al de los que ganan, en algunos casos rozando lo inhumano.

Alguien que sea capaz de acabar una carrera de estas características merece todo el reconocimiento del mundo. Pero ciertamente admirables son esos corredores que van en el furgón de cola, que van a su ritmo, lento pero seguro. Avanzando implacablemente, devorando kilómetros. Es increíble la capacidad de sufrimiento que tienen estos valientes. Se tiran 10 horas corriendo sin parar, después de 2 etapas previas… y siguen, y siguen… muchas veces completamente solos, siguiendo las señales del camino y luchando para llegar dentro del tiempo de corte en los checkpoints.

En estos tres días hemos vivido todo tipo de historias: La de los que no sabían donde se apuntaban, que creían que era una excursión por la Costa Brava y a los 15km de la primera etapa se tenían que parar. La de una chica francesa que en el segundo día sale última, y con su marido 50 metros por delante dándole ánimos e incitándola a que lo atrapara, corre a un ritmo tranquilo pero constante, a pesar del insufrible dolor que padece en su rodilla. La del chico mejicano que después de deshidratarse, sufrir calambres e intentar avanzar, tras ser adelantado por la chica francesa, cae finalmente fulminado en la arena de una bonita cala desierta. Y que después de ser asistido por la organización y llevado al hotel ese día, ser capaz de recuperarse y volver a salir en la última etapa del día siguiente, aunque ya estuviera fuera de concurso.

Las lágrimas de estos corredores son conmovedoras. Las de la chica que se tiene que parar a falta de 30 km para llegar a Portbou porque una fascitis plantar no le permite dar ni un paso más. Llora desconsolada en el checkpoint mientras espera a que la vengan a recoger. Historias de superación, un chico, cocinero, que lleva un año entrenando y que ha adelgazado hasta 20 kilos para ponerse en forma y que ésta, además, es su primera carrera. A pesar de caerse en la última etapa y haberle tenido que enyesar la mano cuando le restaban 52 kilómetros para llegar al final de su reto. Sería capaz no sólo de conseguirlo, sino que aún yendo último tras la caída, acabaría reponiéndose y extra motivándose para acabar adelantando a varios corredores que le precedían.

El caso más impactante, fue cuando ya a penas quedaban 2mil metros para entrar en la recta de llegada y nos encontramos a un corredor completamente parado, clavado en una montaña, pálido, con la mirada perdida. Tenía que grimpar por unas rocas y después, la bajada final. Quedaba un último esfuerzo y el tiempo de cierre se acercaba inexorable. Pero él no podía dar un paso más. Sus compañeros le esperaban y desde arriba de la colina, le gritaban y animaban incesantemente para que superara el último obstáculo, tras 133km en las piernas. Finalmente lo consiguió. Y fue capaz de bajar corriendo y atravesar la meta junto con sus amigos. Sacando fuerzas de donde hacía horas que no había nada. La llegada apoteósica, lágrimas y abrazos. Fue asombroso ver como se lo llevaban en una camilla de la Cruz Roja y él seguía sonriendo y llorando a la vez. La piel de gallina. Y sí, quizá fue el último en atravesar la meta de la carrera, pero siempre tendrá por detrás a los que no se atrevieron siquiera a correrla.

Historias que no salen en los medios, pero que hacen grande este deporte. Historias desde el último de la fila.