El atletismo necesita África

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El campeonato del mundo juvenil de Nairobi

El atletismo necesita África

En 2017 se han celebrado dos campeonatos del Mundo en el este de África y se ha notado. Mucho.

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Por el Martes, 18-07-2017 en

En el mes de marzo de 2017, el campeonato del mundo de cross se disputó en Kampala, la capital de Uganda. Fue un éxito organizativo y, en especial, de asistencia de público. Todo recordaba aquel 2007 en Mombasa cuando Kenenisa Bekele sucumbió a la humedad de la costa africana y a un error de cálculo -cambió de ritmo cuando pensaba que era hora de llegar y todavía le faltaba una vuelta-. Algo parecido le pasó a Joshua Cheptegei en Kampala donde, aunque conocía el circuito a la perfección por haber corrido ahí incontables veces, el calor del público le jugó una mala pasada y le animó a salirse tanto de su ritmo que tuvo serios problemas para cruzar la línea de meta.

Más adelante, en el mes de julio, se ha disputado en Nairobi el campeonato del mundo juvenil en pista en lo que ha sido su última edición, ya que la IAAF ha decidido eliminar este campeonato por los problemas de falsificación de edades y para evitar que los juveniles destaquen en categorías menores en lugar de sentar bases para una próspera carrera de adultos. El caso es que, por unas razones u otras, por supuestos problemas de seguridad o por miedo a una mala organización, entre otros casos, las selecciones de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Australia, entre otras, decidieron no participar. Y se equivocaron de lleno.

El campeonato del mundo juvenil de Nairobi ha estado muy bien organizado y ha demostrado que países como Kenia se merecen la confianza suficiente para poder acoger campeonatos de este tamaño e incluso mayores. El estadio de Kasarani, con capacidad para unas 60.000 personas, se quedó pequeño durante los dos últimos días de competición. Se estima que unas 20.000 personas no pudieron acceder al estadio durante la tarde del domingo, la última jornada, por falta de espacio. Es verdad que las entradas eran gratuitas, aunque en un principio se colocó un precio de 2€ por día pero el presidente de Kenia, al inaugurar la competición, eliminó ese precio y animó a los aficionados a acercarse en masa.

La gratuidad es algo habitual en eventos de este calibre y nunca, NUNCA, se había producido una asistencia de tal magnitud. Algunos de vosotros recordaréis el campeonato del mundo junior que se disputó en Montjuïc en 2012. Aunque el público fue numeroso, gran parte de las gradas se encontraron vacías.

Y en cuanto a las marcas… ¿qué decir de una competición que se celebra en altitud? Por supuesto, las pruebas de mediofondo y fondo se ven claramente afectadas por la falta de oxígeno pero no ocurre lo mismo en la velocidad y en los saltos. Estas disciplinas consiguen registros impresionantes gracias a la menor resistencia al aire.

De todas las marcas que se realizaron destacó de una manera estratosférica el triple salto del cubano Jordan Díaz con 17,30m. Una marca de nivel absoluto que bien podría valer una medalla en alguna que otra edición de los Juegos Olímpicos. Y es que la delegación cubana demostró un año más que su sistema de detección de talentos y tecnificación deportiva no tiene igual en este mundo.

El medallero lo encabezó una potentísima Sudáfrica que está demostrando también una gran salud tanto en categoría absoluta, encabezados por Van Niekerk y los saltadores de longitud, como en categorías menores.

Y la delegación española, con solo 10 integrantes por el elevado coste de desplazamiento hasta Kenia, hizo sonar una vez el himno y a punto estuvo de que fuesen dos. En una hermosa y disputada combinada, la atleta Maria Vicente entrenada por Álvaro Fernández, consiguió la victoria por solo 10 puntos de diferencia. La mala jabalina de la española colocó a su máxima perseguidora (alejada hasta entonces) a sólo 10 puntos de diferencia cuando sólo faltaba el 800. La disputa estaba servida y las atletas lo sabían: la alemana Johanna Siebler necesitaba distanciar a Maria más de un segundo y medio para conseguir el oro; y Maria necesitaba que la diferencia entre ellas dos no superara esa barrera. Corrieron el 800 de manera tranquila, la alemana marcando el ritmo y Maria marcando a la alemana; hasta que aceleraron los últimos 200 metros a más no poder pero la diferencia no existió: llegaron juntas a meta (2’33”19 por 2’33”22) y Maria mantuvo la renta de 10 puntos para proclamarse campeona del mundo.

En la prueba de los 200 metros lisos, la pequeña y veloz Jaël Bastué pasó ronda tras ronda mejorando marca y se colgó la medalla de plata en la final con marca personal incluida: 23”61 (por 23”51 de la alemana Talea Prepens, que también hizo marca personal).

Fue un campeonato satisfactorio para la delegación española y, en especial, para todos los que aman el atletismo porque ver un estadio lleno no es muy habitual aunque en el este de África, si les dejan, lo pueden conseguir incontables veces. De hecho, en twitter se sugirió que debería existir un encuentro anual Kenia-Etiopía a celebrarse un año en cada país. ¿Os lo imagináis?

 

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