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Carreras - Previa - lunes, 16-11-2015

“Despachaba una aspirina y un dorsal”

Podría ser el Bill Gates de este fenómeno que alegra al mundo llamado 'carreras populares'. Podría haberlo intentado. Al menos, en España. Pero él dice que no y que nunca se asomó a este mundo con vocación mercantil. Ahora, a los 65 años, ya es casi imposible que cambie de opinión. Le quedó una buena pensión tras 43 años cotizando a la Seguridad Social tras superar un ictus, un cáncer y soportar una prótesis de rodilla. El retrato de este hombre no corresponde a un viejo herido de guerra, sino a José Cano que, en 1980, sin darse cuenta de lo que hacía, se convirtió en  uno de los pioneros de este fenómeno de las carreras populares, que hoy es un negocio en alza. Ajeno a la crisis, capaz de atraer a Fondos de Inversión y a empresarios de éxito, entre los que, sin embargo, nunca estará José Cano, el creador de la mítica carrera de Canillejas. Una prueba que se corre el domingo, 22 de noviembre, con sus 36 años de antigüedad que son como sus escrituras, quién lo iba a decir entonces.

 "Yo trabajaba de auxiliar de farmacia en 1980 cuando creé esta carrera. Despachaba una aspirina y un dorsal", explica José Cano. "En realidad, era una idea muy vecinal, en la que uno nos dejó su furgoneta, el otro la megafonía y, por supuesto, el Ayuntamiento no ponía pegas a nada. Porque era la época en la que acababa de llegar la democracia. Había que demostrar que la calle era nuestra. Había que hacer cosas en la calle. Había que enterrar a la prehistoria", insiste José Cano, un tipo corriente, envejecido aunque no desilusionado, incapaz de enterrar en la memoria aquel día de su vida de 1962 en el que fue "detenido por la Guardia Civil por ir corriendo por la calle. Me acuerdo que les dije que estaba entrenando y los guardias me preguntaron, '¿qué es eso de entrenar?' '¿cómo es que vas en zapatillas?' El caso es que me llevaron esposado al cuartel y del miedo que me entró, cuando volví a pisar la calle, estuve tres semanas sin salir de casa. Hoy, parece increíble, pero ayer fue cierto".

 De alguna manera, la carrera de Canillejas simbolizó un golpe de democracia . Pero lo que no se sabía es que fuese a crecer a ese ritmo ni a despertar tantos herederos. Su prestigio cruzó mundos. El barrio ha visto correr en sus calles a medallistas olímpicos y mundiales. Gente como Willian Sigei, Dionisio Castro, Paul Bitok, Antonio Pinto, Mike Mc Leod o Steve Jones, que vino a Canillejas tres semanas después de ganar el maratón de Nueva York. En realidad, fueron los años dorados de Canillejas que llegó a reunir en una sola edición a 14.000 atletas  y hasta a premiar con un coche, un carismático Nissan Patrol, “que se llevó José Manuel Abascal, precisamente en 1984 en el año en el que fue bronce olímpico en Los Ángeles". “Todo eso, que en 1980 parecía una simple iniciativa popular, en la que cobrábamos 50 céntimos por el dorsal, fue creciendo de manera extraordinaria”, añade José Cano. “A veces, casi llegó a desbordarnos”.

 "Organizar carreras es un trabajo como otro cualquiera. Un trabajo que, además, cuesta mucho hacer, porque debes pelear con los Ayuntamientos y hasta con los corredores, que pueden ser los primeros en protestar". Por lo tanto, Cano entiende que el ánimo de lucro también se imponga en este negocio. "Totalmente", matiza, "y no tengo nada que reprocharle". Pero el hecho de que él no sea uno de ellos obedece a "mi extraña manera de ser, seguramente. No he sentido la necesidad de hacer dinero. El dinero sólo son papeles. Ante su importancia, yo me esfuerzo por ser como fui. Yo pude vivir todo el año de la organización de la carrera de Canillejas y no quise hacerlo. Pude hasta quedarme con cinco millones de las antiguas pesetas, pero ¿para qué? Yo disfruto más poniéndome nervioso que contando el dinero que entra en mi cuenta corriente. Yo no necesitaba ese dinero para vivir ni para ser feliz. No tenía sentido que se lo quitase a la carrera para quedármelo yo. Admito que soy un romántico, pero en esta vida también tiene que haber personajes de ese tipo. Quizá es porque hice esto porque me gustaba, no porque lo necesitase. Cada carrera tiene una dificultad. Siempre encuentras a alguien que te pone una traba".

 Todavía en estos tiempos, José Cano ha rechazado tentaciones prodigiosas. "Yo no quiero que me vanaglorie nadie. Lo último sería que este artículo diera esa idea. Pero eso no quita para contar como está este negocio de las carreras populares. Para esta última de Canillejas, vino un Fondo de Inversión de Inglaterra que quería comprarme 1.000 dorsales para venderlos en su país por 30 €. Y te preguntas, '¿donde está el dinero en eso?', y la respuesta la encuentras cuando te cuentan que ese dorsal forma parte de un paquete turístico (hotel, avión…). Así que hoy en día hay muchas carreras así, pero en Canillejas, donde no pueden inscribirse más de 5.000 corredores, yo no les voy a quitar la posibilidad de correr a los míos para dársela a gente de fuera".  Y es ese espíritu el que José Cano volverá a respirar en la mañana de domingo, en la 36 edición de la carrera de Canillejas, en la que le pasará lo mismo que ayer. "Como vaya y vea una valla mal colocada, me muero".