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Actualidad - Noticias - martes, 20-10-2015

Diario de una zapa cualquiera

Hola corredores y corredoras!!!

Todos me usáis y muy pocos sabéis de mi historia. Casi nadie se preocupa por mi. Algún freaky hay que se interesa por mi historia, pero la verdad es que recibo poco cariño. No olvidéis que soy el elemento más importante de vuestro equipamiento. Calcetines, compresivas, textiles revolucionarios, gps que lo miden todo… sí, sí, todo está muy bien, pero yo soy la pieza que aguanta cada impacto tuyo contra el suelo. Y créeme, que son muchos. Así que, te pido un ratito de tu tiempo para que escuches mi historia. La historia de una zapa cualquiera.

A mi, en concreto, me fabricaron en China y mi peso al nacer fue de 292 gramos. Bueno, ese es y será mi peso a lo largo de mi vida. Yo me alimento de kilómetros y eso a mí ni me adelgaza ni me engorda, sólo me desgasta. Cuando salí de la fábrica donde me construyeron nos colocaron a mí y a mi hermana gemela en una caja, donde cabíamos justitas. Para más inri nos llenaron de papeles, por dentro y por fuera, supongo que para protegernos. Nos metieron en un container gigante donde había muchas cajas como la nuestra y de allí a un barco que surcó los mares hasta de nuevo llegar a tierra y viajar en un camión hasta un gran almacén.

Permanecimos un par de días allí, hasta que nos llevaron a unas cuantas de nosotras a una bonita tienda. Como soy diestra y de la talla 9 USA fuí la elegida entre todas para estar expuesta  junto con otras zapas de diferentes nacionalidades y marcas, todas en línea y en varias filas, en un bonito mueble. En las paredes había  imágenes de zapatillas, algunas iguales que yo, puestas en los pies de unos extraños seres disfrazados no sé muy bien de qué. Encima mío había un cartel que ponía algo así como zapatillas neutras. Muchos preguntaban por mí y me cogían me doblaban y me estiraban de aquí y de allá. No sé qué pretendían maltratándome así, era como si quisieran comprobar mi resistencia. El señor de la tienda decía que era una zapatilla de 8 mm de drop, tope de gama y de máxima amortiguación. Algunos respondían que era un poco cara y otros me colocaban en sus pies. Caminábamos, corríamos y saltábamos. A veces lo pasaba mal porque a alguno le olían los píes. Mi vida no es fácil.

Por fin un día un señor, que por lo que hablaba se había leído todos los foros de internet (ni siquiera yo sabía tantas cosas de mí misma), nos cogió a mi hermana zurda y a mí, nos metió en la caja y se nos llevó de la tienda. Aquél hombre era muy extraño, nos sacó de la caja con sumo cuidado y empezó a hablar con nosotras. Decía cosas muy raras como que íbamos a ser sus compañeras y que conseguiríamos juntos batir no sé qué marcas. Luego nos hizo fotos con el móvil y empezó a publicarlas por todas las redes sociales habidas y por haber. De repente oyó la puerta de casa y nos escondió rápidamente. Por lo visto era su mujer, a la que creo que no le debíamos caer muy bien.

Al día siguiente por fin empezamos  a correr. Este tío es un psicópata, cada poco nos da una soberana paliza, tenemos los  tacos de la suela abrasados desde el primer día. Además prona un poco cuando va cansado y a mi hermana y a mi nos tiene fritas poniendo a prueba todas nuestras costuras. A sus amigos les dice que está preparando una maratón y que tiene que hacer muchos km. Claro y aquí las que sufren sus locuras somos nosotras.

Por las noches dormimos en un zapatero junto con otras zapas de este colgao. Nos hemos hecho muy amigas de un par de hermanas de trail. Dicen que un día las llevó a hacer una carrera de alta montaña y que el tío no había corrido en su vida por esos terrenos tan abruptos. Corría imitando a un corredor del que tiene un póster en la habitación y  casi se escalabra un par de veces, y encima luego decía que si las zapas no tenían grip y que si eran muy duras. Que sabrá él lo que es duro o no. Duro es lo que le pasó a una amiga, que hasta llegó a salir en una revista, era famosa. Era un artículo en el que hablaban de cómo lavar las zapas. Al principio le daba un poco de vergüenza porque pensaba que tendría que hacerse fotos en la ducha, pero al final no hizo falta. Aunque la desgracia le sobrevino cuando poco después, paradojas de la vida, la metieron en la lavadora con agua caliente junto con su hermana… Murieron las dos deformadas. Así es la vida de una zapa, no somos nada.