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Actualidad - Noticias - miércoles, 22-06-2016

Diez frases que no animan al corredor

Cuando el pulso se acelera y el sudor empapa tu cuerpo, los mensajes de aliento pueden llegar a ser cuchillos afilados que se clavan en tu orgullo o pesadas losas que no te dejan avanzar. Parece que el atleta va a lo suyo, pero en realidad lo oye todo e incluso está más sensible, por lo que una arenga incorrecta puede ser mortal de necesidad.

 “Tu sobrina te saca un minuto, aprieta”

Voy jodido y encima me recuerdan que mi sobrina pequeña, que no ha llegado la mayoría de edad y no corre regularmente -juega a baloncesto tres días a la semana, eso sí-, me saca tiempo. Y lo peor es que no puedo ir más rápido. La única opción de recortarle terreno es que se desfonde o se le haga larga la carrera por falta de experiencia. Por supuesto no deseo que le pase algo así a nadie de la familia… ¿O sí? Por si fuera poco, cuando llegue a meta tendré que poner buena cara y felicitarla. Aplíquese lo de sobrina también a cuñado o suegro.

“Ánimo, que al menos no quedarás el último”

Cada vez tengo más claro que el que inventó la frase de “El primero es un campeón y el último es un héroe”, era un loser. Alguien que intentaba tapar una realidad: el farolillo rojo es simplemente un 'pringao'. No le van a invitar a critériums como ocurre con el último clasificado del Tour de Francia. Voy mal, pero tampoco estoy haciendo el ridículo para que me digan esto. Y puestos a pedir, me gustaría no aparecer en la última página cuando cuelguen las clasificaciones.

“Este año te veo con algún kilito de más…"

Pues sí. ¿Y qué pasa? Me gusta comer y beber con los amigos. ¿Qué sería de nuestras vidas sin esos homenajes? Pero bueno, ahora, corriendo, sufriendo… quizás empiezo a arrepentirme y me empiezan a entrar los remordimientos. Solo dos kilos significan un mundo si lo traducimos en una marca. Qué bien me iría ahora ir más ligero…

“Haces mala cara. ¿Necesitas algo?”

Sí, ¡necesito que te calles! Es cierto. Voy mal. Pero no hace falta que me lo vayas recordando cada rato. Y no te preocupes tanto de mi.

“Alarga más la zancada y mantén la técnica de carrera”

Me encantaría hacerlo, pero estoy en el kilómetro 33 de la maratón y hago lo que puedo. Es más, mantenerme de pie y seguir corriendo ya es un triunfo. Por mucho que me ordene a mí mismo que debo entrar con el metatarso, levantar las rodillas y mantener una posición erguida…voy a talonar, haré pasos más cortos y ladearé la cabeza. Es lo que hay.

“¿Quieres que te acompañe un rato?”

¡Ni se te ocurra! Eso dejaría mi moral a la altura del betún. Correr con alguien al lado cuando no vas bien aún pone más presión. Máxime cuando mi GPS marca el ritmo ‘trote cochinero’

“¿Qué te pasa? ¿Saliste anoche de fiesta?”

No solo no salí de noche sino que cené a las 20.00 de la tarde espaguetis con aceite y sal y a las 22.30 ya estaba en la cama. Es más, llevo un par de meses de vida monacal, sin probar el alcohol y durmiendo ocho horas para llegar en forma a la cita que tanto he preparado.¡Ojalá hubiera salido de fiesta y pillado un buen pelotazo! Estaría en la cama espachurrado en vez de jadear y sudar como un pollo.

“Corre, Forrest, corre”

No tengan duda: por muy gracioso que a ti pueda parecerte, la imagen de Forrest Gump corriendo ha perjudicado al corredor popular. Por suerte, ni tengo esa barba poblada ni corro con camisas tan horribles. “Tenía ganas de correr, sin ningún motivo especial”, decía Forrest. Yo corro para bajar peso y, si suena la flauta, mejorar tiempos. No soy tan freaky para correr durante tres años, dos meses, 14 días y 16 horas (30.000 kilómetros en total), solo parando para comer y dormir.  Ni tampoco pretendo salir en los noticiarios de la primera potencia mundial, ni que sigan mis pasos centenares de admiradores. Solo quiero el reconocimiento de mi novia y amigos. Poco más

“Aún te queda lo más duro”

Se agradece que alguien, entre el público (conocido o anónimo), ejerza como entrenador improvisado. Pero por favor, antes de ponerse el chándal, la gorra, el cronómetro y empezar a dar gritos conviene apelar al sentido común. Se puede decir lo mismo, pero de otra manera: “Regula”, “Ves guardando un poco de gasolina”, “Tómatelo con calma, que aún queda mucho”.

“No fuerces tanto la máquina, que mañana tienes que ir a trabajar”

Hasta mi madre nota que lo estoy dando todo sobre el asfalto. ¡Qué ruina! Supongo que pago con mi cara de sufrimiento Ya sé que las madres quieren lo mejor para sus hijos, pero tampoco es necesario que me recuerden que al día siguiente tengo que ir a la oficina y rendir, que es lo único importante porque el empleo en este país está muy mal. Me importa un pito mi trabajo cuando corro porque pienso que nada puede ser más importante que una carrera. Por cierto, ¿alguien sabe cuánto le he sacado a mi jefe?