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Club Running - jueves, 27-06-2013

El Camino de Santiago Corriendo (6º día)

El sonido de la lluvia repicaba en el tejado del albergue. Eran las 7 pasadas y parece que ninguno de los tres tenía mucha predisposición a levantarse. Pronto la habitación se llenó de gente caminando arriba y abajo, haciendo crujir el suelo de madera a cada paso. La verdad es que nos costó ponernos en pie, era de noche todavía y el clima ahí fuera no invitaba, ni mucho menos, a ponerse a correr. Finalmente, cuando el resto de peregrinos empezaron a partir, decidimos ir a desayunar. Allí mantuvimos una relajada conversación con los hospitaleros Jonathan, el chico de Granollers, y Ana. Cuando estuvimos preparados y Dani acabó de colocar minuciosamente cada objeto de su mochila, nos hicimos una foto con ellos para luego despedirnos mientras prometían seguir nuestras andanzas por Running.es.

Nos dispusimos a iniciar la etapa mientras dejábamos atrás el Ave Fénix, un albergue construido por los propios peregrinos del Camino tiempo atrás.

Nos lo habíamos tomado con tanta parsimonia que ya se nos habían hecho las 9.30, pero ahora ya había amanecido y no llovía demasiado. Iniciamos la ruta y pronto vimos que cada uno iría hoy a su ritmo. Se presentaba un recorrido con mucho desnivel, con unos últimos kilómetros tremendamente duros. Dani inició la marcha con mucha alegría, a él le encantan las subiditas y los primeros 20km de hoy eran en subida sostenida por carretera. Así pues el “tractorcillo diésel” puso la directa y tiró millas, yo como “gasolina gripado” veía como poco a poco se iba alejando y Raúl que sería, según él, “el coche eléctrico con la batería baja” nos seguía un poco más atrás. Así pues, hoy nos tocaba a todos lidiar con nuestros males y nuestras molestias en solitario, intentando administrar las fuerzas y los dolores lo mejor posible hasta llegar a nuestro destino.

En el tramo en carretera hasta llegar a Herrerías intenté imponer un ritmo constante para poder aguantar lo mejor posible el tremendo dolor que tengo en los laterales de las rodillas. Es curioso, mis rodillas se deben llevar muy bien y les gusta trabajar en equipo porque a ratos me dolía la derecha y luego era la izquierda la que me martilleaba, ¡me dolían a turnos! Para abstraerme del dolor iba tomándome parciales en los puntos kilométricos de la carretera. Más o menos mantuve un ritmo de 6 minutos el kilómetro, que para ser en ligera subida, con la mochila, lloviendo y con dos puñales clavados en las rodillas, no está mal. Fui adelantando peregrinos constantemente y todos me saludaban y me animaban, algunos me daban mensajes que Dani les iba dejando para mi, básicamente era: “tu compañero dice que “ajo y agua‟…” yo les sonreía y les decía: “ya lo pillaré, ya”. Hoy me he dado cuenta de que ya nos conoce mucha gente en el Camino, e incluso cuando pasamos corriendo algunos se apartan y nos aplauden. El ambiente que se respira entre los peregrinos es muy bonito.

Una vez en Herrerías y cumplidos los 21km, bajo una cada vez más intensa lluvia, paré un momento para ponerme una camiseta seca, beber y comerme una barrita energética. En ese punto ya no pude arrancar a correr… allí empezaba la subida fuerte, un auténtico puerto de montaña de 9’7km. Comencé a caminar como robocop , el dolor que sentía era muy agudo, en ese punto ya iba cojo de las dos piernas. Intenté caminar más rápido según iba calentándome de nuevo, casi como si fuera haciendo marcha seguí mi ascensión a la cumbre. Los paisajes eran preciosos, de un verde intenso. Eso me daba fuerzas para seguir hasta el final porque me sentía un auténtico privilegiado por poder estar disfrutando de ese entorno. Según me acercaba al final el camino se iba convirtiendo en un pedregal cada vez más enfangado, afortunadamente el sol ahora brillaba radiante en el cielo azul.  A falta de 2km empezaron a fallarme las fuerzas y a penas avanzaba, iba muy perjudicado. Llegando a O’Cebreiro me adelantaron dos ciclistas que me habían visto pasar corriendo anteriormente. Al verme empezaron a hablar entre ellos “míralo, míralo, ese es el que va corriendo… ¡que cojones tiene!” y al estar a mi altura espetó “ánimo chaval, eres un obús” y yo le contesté “sí, pero mírame ahora, voy cojo perdido” y mientras se alejaba me responde “!vas cojo porque tienes unos huevos enormes!”… No pude más que gastar mis últimas fuerzas en sonreír.

En la puerta del albergue, estaba Dani esperándome para gravar con la cámara del móvil mi patético estado. Dice que ese video se lo guarda para cuando,algún día entrenando, lo descuelgue haciendo series.  Raúl llegó envuelto de una onda de negatividad, también lo había pasado muy mal con todas las molestias que ha ido acumulando y el poco entreno que lleva. Pero no hay nada que una buena ducha y una buena comida no cure. El Arco Iris atravesaba el cielo, había sido una etapa dura, pero allí estábamos los 3 de nuevo, compartiendo experiencias y disfrutando de estos momentos únicos. En el albergue, mientras nos dábamos masajes, se interesó por nosotros un peregrino que era médico. Nos examinó un poco y básicamente nos vino a decir que los 3 teníamos tendinitis y sobrecargas. Yo para ser exacto tengo una sobrecarga del vasto externo del cuádriceps en la intersección con la rodilla. En fin, ya estamos en el ecuador de nuestro reto y ya hemos entrado en Galicia. Esta tarde, repasando las etapas que nos quedaban, nos hemos dado cuenta de que habíamos calculado mal y que vamos a ritmo de llegar un día antes de lo previsto, ha sido una alegría para los tres porque podremos hacer reajustes en las etapas que nos quedan. En cualquier caso espero, que sea como sea, lleguemos todos sanos y salvos a buen puerto. Esto está siendo duro, amigos, muy duro, pero, sinceramente… vale la pena.

 

TOMÁS EL ERMITAÑO DE MANJARÍN.

Hace unos días, después de conocer la Cruz de Hierro e iniciar el descenso que nos lleva a Ponferrada, nos encontramos con un peculiar pueblo llamado Manjarín. Sus habitantes, totalmente aislados del mundo y lejos de la tecnología que actualmente nos desborda, sorprenden con su forma de vida. Tomás es el hospitalero que regenta el albergue con menos servicios del Camino ya que no tiene agua, no tiene luz, ni televisión, ni ningún aparato electrónico que pueda perturbar la paz que allí reina. Es un lugar cargado de magia, denota algo especial que no deja indiferente a nadie. Nada más llegar te ofrece té o café, la voluntad ya queda a merced de cada peregrino. Sorprende la forma de subsistir de Tomás, empezó trabajando de hospitalero en el Albergue de Villafranca del Bierzo y pensó más tarde en montar un refugio para acoger a los peregrinos por su cuenta. Le contaron que existía un pueblo abandonado y que la energía en ese sitio era muy fuerte. Así pues, decidió irse a vivir allí, construir un albergue y convivir con todo aquél peregrino que quisiera quedarse de hospitalero y ayudarle en su tarea. Cuentan que Tomás tiene poderes de sanación, intuiciones muy fuertes y sueños premonitorios. Existen muchas historias alrededor de estos supuestos poderes que narran los peregrinos que lo han conocido. Todos los días, a las 10:30 de la mañana, junto con los allí presentes, realizan una oración a la Virgen. Es un espectáculo sorprendente, puesto que se visten todos de templarios con auténticas espadas y rezan por los peregrinos y por la continuidad del verdadero espíritu del Camino de Santiago. En Invierno, la zona en la que está Manjarín, siempre hay neblina por lo que Tomás dispone de una campana que hace sonar alegremente cuando ve la silueta de algún caminante que se acerca en la niebla. Es una forma de dar la bienvenida, también para informar que se está aproximando al refugio y que puede tomarse un merecido descanso. Allí se puede dormir, aunque las comodidades son escasas, hace poco construyeron unos baños que hasta la fecha siquiera había. Únicamente tienen un punto de calor, que es la hoguera que hay dentro de la casa, no hay ningún tipo de calefacción en cualquier otra parte del albergue, pero los que han dormido allí dicen que nunca se pasa frio por la energía que desprende el lugar.