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Consejos - Entrenamiento - jueves, 18-06-2015

El ritmo ideal de competición

¿Sabes quién tiene el récord olímpico de maratón? Lo consiguió Samuel Wanjiru en los Juegos Olímpicos de Pekín, 2008. Porque no sabía correr lento. En unos JJOO lo que cuenta no es la marca, son las medallas. Sin embargo, el keniata pasó por la meta en 2:06'32, una marca brutal teniendo en cuenta que eran unos Juegos y que se corrió con unos 25 grados de temperatura. Wanjiru corrió en base a su ritmo de competición.

¿Te ha pasado alguna vez que, queriendo acompañar a algún corredor más lento que tú, has acabado más cansado que el día que hiciste marca? Tranquilo, es lo más normal del mundo y nos pasa a todos. Nuestro cuerpo está diseñado (y entrenado) para correr a una velocidad determinada. Podemos correr un poco más rápido o un poco más lento, pero si nos alejamos demasiado del ritmo óptimo, pronto diremos basta.

Nuestra velocidad óptima es aquella en la que somos eficientes, donde gastamos poca energía en comparación con los metros que recorremos. Todo funciona más o menos acompasado: la frecuencia, la longitud del paso, el contacto del pie con el suelo, el tiempo de contacto… Si vamos más rápido es fácil saber que pronto nos cansaremos pero, ¿por qué nos cansamos tanto si vamos más lentos?

El responsable principal de que nos cansemos más son nuestros tendones. Nuestros tendones tienen la función de muelle y, como tal, una velocidad óptima de compresión y descompresión. ¿Te has fijado que una pelota de tenis rebota más cuanta mayor sea su altura de caída? De hecho, no es la altura lo que determina su rebote sino su velocidad de caída (no es lo mismo dejarla caer desde 5 metros que tirarla contra el suelo con todas tus fuerzas aunque sea desde sólo un metro).

De esta manera, nuestros tendones están acostumbrados a rebotar a cierta velocidad. Si corremos más lentos, la energía para rebotar es minúscula. En esta circunstancia, los músculos tendrán que trabajar más de lo que están habituados para suplir el trabajo que no hacen los tendones. Y, como consecuencia, nos cansaremos más incluso cuando estamos corriendo más lentos.

Por esta razón, cuando Wanjiru escuchó el pistoletazo de salida en la maratón de los Juegos Olímpicos de Pekín, no quiso cansarse corriendo despacio. Salió, marcó el ritmo que él había trabajado (a tres el mil), y dejó a todos sus rivales atrás como nunca antes había hecho ningún otro corredor en los Juegos Olímpicos