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Accesorios - Material - miércoles, 17-12-2014

El triunfo de la inocencia

La biografía que Jean Echenoz publica sobre Emil Zátopek en 2008, titulada “Courir” (“Correr”, publicada en castellano por Anagrama) se sale de la típica narración en la que se describe paso a paso las cualidades y los triunfos del biografiado. El escritor francés elige como protagonista al legendario corredor checoeslovaco, pero su figura le sirve sobre todo para denunciar la utilización de los deportistas con fines propagandísticos.

Frente al nazismo y el estalinismo de la posguerra mundial, Echenoz antepone la belleza del deporte y la inocencia de Emil, un atleta al que no le gusta correr, pero que enseguida se aficiona porque le libera del alienante trabajo en la fábrica pulverizando silicatos.

Zátopek es, pese a su indudable calidad atlética, un corredor atípico, con un estilo imposible de describir, aunque Echenoz tira de oficio para lograrlo: “hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar. Emil, nada de todo eso. Avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se traduce en su rostro crispado, un rictus ingrato a la vista”.  Este ritmo caótico y discontinuo hará estragos entre sus rivales y pese a su inefable estilo, sus cuatro oros olímpicos y sus 18 récords mundiales le situarán pronto entre los más grandes de la historia del atletismo. Zátopek fue el primero en correr más de 20 kilómetros en una hora, algo que parecía entonces imposible de superar.

Echenoz describe también los “inventos” del sonriente Emil para entrenar. Copia los sistemas de los Finlandeses Voladores, los del bosque profundo, pero añade variaciones de su propia cosecha. Entre ellos, engancharse a las máquinas de vapor de cercanías y correr a toda velocidad para mejorar su sprint final. Seguramente, de esta anécdota le viene el sobrenombre de “La locomotora humana”.

El atleta es inmediatamente invitado a formar parte del ejército checo, que lo irá ascendiendo a la medida de sus logros deportivos. “No es que sea un portento de la naturaleza, simplemente es un buen comunista”, dice el oficialismo. Echenoz recurre a la ironía para ridiculizar al régimen totalitarista y describe con realismo la caída en desgracia que acompañará al dulce Emil tras haber apoyado la Primavera de Praga (1968) de  Alexander Dubcek. Entran los tanques soviéticos y el coronel Zátopek es inmediatamente depurado. Ahora recorre las calles de Praga trotando con una escoba tras el camión de la basura. Los vecinos aplauden al rubio y sonriente Emil y arrojan ellos mismo los desperdicios al contenedor. El escritor francés utiliza este pasaje real en la vida del campeón checo como una metáfora de la descomposición de un gobierno alejado de sus ciudadanos antes de sucumbir definitivamente.