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En la muerte de un maratoniano amigo: el Dr. Pere Pujol

Ha muerto un maratoniano amigo, el doctor Pere Pujol Amat, un gurú del mundo del correr de los años ochenta, cuando surgió el movimiento popular en España, del que fue un pionero.

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Él fue el primero que se motivó cuando Ramon Oliu se propuso organizar una primera maratón popular en nuestro país. De hecho, la primera que se realizó fue en el pueblo de Palafrugell, donde el médico veraneaba, y donde con otros ocho o diez amigos hacía algo parecido a una maratón cada año (38 Kms desde Palafrugell a Girona).

Desde el primer día se integró a la Comissió Marató Catalunya, el equipo liderado por Ramon Oliu para impulsar las carreras a pie y la maratón, siendo su mano derecha en materia organizativa, no únicamente médica. Un pozo de sabiduría, los más veteranos le recordamos en la sede de la Comissió de la calle de Jonqueres  -también a su padre, el entrañable avi Pujol- atendiendo a todos los novatos que le consultábamos incluso como debían atarse las zapatillas.

A finales de los años sesenta, durante una estancia en Alemania, había conocido al doctor Van Aaken, el precursor del revolucionario método de entrenamiento para la maratón basado en hacer muchos kilómetros a ritmo lento. Le llamaban  el LSD (Long Slow Distance). Y Pere Pujol lo siguió y lo puso en práctica: 160 km semanales era la media. Un kilometraje que cuando estalló el primer boom de la maratón, era lo que hacían los atletas de nivel que preparaban una …y muchos de los que no tenían nivel casi también. Asimismo, fue un ferviente partidario e introductor de las cargas de carbohidratos los días previos a la maratón.

Los argumentos del Dr. Pujol no dejaban indiferente a nadie. Recuerdo que hace unos 10 o 12 años levantó una fuerte polémica con una de sus afirmaciones: recomendaba no beber tanta agua en los avituallamientos de la maratón como se había hecho hasta entonces, porque, según postulaba, unos serios estudios demostraban que era perjudicial.

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Pere Pujol, médico endocrino de mucho prestigio, era poseedor de un currículo excepcional: Director Médico de la maratón, pentatlón y marcha de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92; miembro del equipo médico de los Juegos Olímpicos de Atlanta'96; jefe médico de las maratones de Nueva York y Barcelona durante años; director médico del CAR de Sant Cugat hasta hace poco.

Escribió libros, entre los cuales "Del Jooging al Marathon" y "Nutrición, salud y Rendimiento Deportivo" y cientos de artículos sobre el correr. Aparte, fue un conferenciante brillantísimo hasta sus últimos días, a quien, en los albores del correr a pie, escuchábamos embelesados ​​los que empezábamos. Alguna vez le oí decir: "Como el árabe en la montaña, empecé a hacer maratones porque la maratón estaba ahí delante, y no busco nada, pero encuentro. Encuentro una parte importante de mí mismo. Cada maratón que corro me acerca a mis límites y me hace sentir más humilde. Correr es una parte importante de mi vida. Entre otras cosas me ayuda a meditar".

Corrió once veces el maratón de Nueva York, y terminó a muchas otras: Boston, Estocolmo, Paris, Munich, Barcelona, ​​Valencia, San Sebastián… hasta un total de 65. Su mejor tiempo, 2h38.10.

A pesar de su magnífico currículum profesional, decía a menudo, "Lo más importante son las 65 maratones, las otras cosas son hojarasca".

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Impresionaba verlo en un féretro esta mañana, momentos antes de su entierro, con un libro encima -siempre llevaba uno- y vestido con chándal como mortaja. Parecía preparado para entrar en el Olimpo. Seguro que -si hay Paraíso- estará ya, entrañable polemista como era, debatiendo con quien sea sobre si se debe estirar mucho o poco antes de una maratón.

Adiós, Pere.

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