Ricardo Abad: Doblete histórico

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Ricardo Abad: Doblete histórico-147724
“Más que las piernas, lo que más sufrió en el Doblete del Desierto (Sables + Garmin Titan Desert) fue mi estómago”

Ricardo Abad: Doblete histórico

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Por el Jueves, 09-05-2019 en

Su vida es un reto constante. Justo acaba de volver de Marruecos donde, en menos de 1 mes, ha afrontado su particular Doblete del Desierto. Esto es, en menos de 15 días de diferencia, Ricardo Abad ha completado su 1ª Marathon Des Sables y ha vuelto con su 4ª piedra de finisher de la Titan Desert. Lejos de sentirse satisfecho, ya prepara nuevas aventuras en lo que ha acabado convirtiendo en una filosofía de vida. El triple Ironman o el Ultraman de Motil ya asoman la cabeza a la vuelta de la esquina. Hablamos con Ricardo Abad tras su extraordinario doblete desértico

-¿Qué ha sido lo más duro de tu Doblete del Desierto (tal y como has denominado a este doble reto)?

La Marathon des Sables ha sido lo más duro de ambos retos. Sables marca mucho y ha superado mis expectativas en cuanto a dureza global. La autosuficiencia, correr con la mochila a cuestas y la “precariedad” que envuelta a la carrera, y que forma parte de la aventura, la hacen una prueba realmente dura. Tienes que racionar mucho el agua, no tienes unas condiciones de higiene mínimas que te permitan duchar cada día y además dormir en el suelo… por todo ello, el Marathon Des Sables es una carrera realmente exigente, y diferente a todo lo demás.

-Dentro de este Doblete en el Desierto, has podido participar por 1ª vez en la Marathon Des Sables. ¿Ha sido lo más duro que has hecho?

La verdad es que Sables me ha marcado mucho. Me habían hablado de que era muy dura, pero ha superado mis expectativas por toda la dureza y condiciones. Teniendo en cuenta todos los factores, distancia y condiciones (descanso, mochila, agua…), quizás sí ha sido el reto más duro de mi vida deportiva. No es el objetivo con más kilometraje que he afrontado, pero las condiciones en que debes hacerlo le imprimen una dureza extrema, en todos los sentidos. El año pasado, por ejemplo, completé el Camino de Santiago y estaba 15-16 horas al día corriendo. Es muy duro correr un día tras otro tantas horas, pero lo haces acompañado y rodeado por tu equipo. Tienes fisio, tu gente y tienes un antojo de chocolate, pues lo tienes. Y en Sables no tienes nada, y te enfrentas a un desierto en unas condiciones muy precarias.

-En cambio, ha sido la 4ª vez –todas ellas de forma consecutiva- que has podido completar la Titan Desert.

En comparación con la Marathon Des Sables, en la Titan eres tú quien marca el punto de dureza, en función de lo que te quieras exprimir en cada momento o en función del punto de la clasificación en el que te encuentres. Es una aventura mucho más controlada, en la que puedes disfrutar mucho. Siempre me siento muy a gusto entre la familia Titan, y este año no ha sido una excepción.

-Si sólo pudieras quedarte con una: ¿Titan o Sables?

(Reflexiona un instante antes de responder). En realidad, yo soy más corredor y me ha llenado más mi participación en la Marathon Des Sables que en la Titan, quizás también porque era mi bautizo. 

¿Qué tiene el desierto, la arena, el calor… que te acaba atrapando a pesar de su dureza?

El desierto siempre tiene algo especial. Siempre he sido un enamorado de las grandes superficies, de las grandes extensiones. Me gusta esto de mirar y no ver dónde está el horizonte. Los paisajes son espectaculares. Desde la primera vez que bajé a Marruecos, en la Titan de 2016, me atrapó y me cautivó. El desierto engancha y siempre tienes ganas de volver.

-La muerte de Fernando Civera en la 3ª etapa de la Titan fue un duro golpe para todos los participantes. ¿Cómo lo vivisteis?

Fue un auténtico jarro de agua fría, un palo muy grande. Aunque no conozcas personalmente al corredor, son cosas que pueden ocurrir en cualquier cita como ésta. Siempre pongo como ejemplo una carrera como la Behobia-San Sebastián. El recorrido es de 20 kilómetros y a pesar de todo han muerto varios corredores en su historia. Sabes que es algo que puede ocurrir en una prueba con más exigencia como es la Garmin Titan Desert, pero no piensas en ello hasta que ocurre. Fue un golpe duro para todos y sientes en aquel momento una gran empatía por la víctima y su familia. Es algo que nos puede ocurrir a todos. Mira, hace una semana, el caso de Iker Casillas, con la cantidad de controles médicos que pasan los futbolistas (añade muy reflexivo). Todo el mundo está expuesto a que le ocurra en episodio de este tipo.

-¿Cómo fue el despertar del día siguiente en el desierto tras recibir la noticia?

Tuvimos que hacer un reset para poder continuar. Te vuelves a situar en todo el entorno. Se te queda el cuerpo muy triste, pero no te queda más que mirar hacia adelante y seguir.

-¿Le hemos perdido el respeto a este tipo de pruebas con una exigencia física alta?

La verdad es que hay de todo. En la Titan hay diferentes tipos de corredores. Los élite, que luchan etapa tras etapa por las primeras plazas, el corredor que busca únicamente ser finisher y se toma la carrera como algo personal… Cada tipología de corredor busca algo concreto. Los tiempos de paso son muy amplios, por lo que la organización facilita que todo tipo de corredores y corredoras puedan completar cada una de las etapas dentro del tiempo establecido. Podemos entrar en el eterno debate de siempre: si limitas mucho los controles de paso, sólo podrán participar los corredores con una buena condición física, y viceversa. Yo creo que depende de la ética personal de cada uno y saber si la ha preparado a conciencia o no.

-¿Cómo te ha quedado el cuerpo tras todo este mes tan intenso? (entre el final de la Marathon Des Sables y la Titan Desert tan sólo transcurrieron 15 días).

Mucho mejor de lo esperado (admite con una sonrisa). Al final, es un trastorno y castigo para el cuerpo importante. Lo que más ha sufrido ha sido mi estómago. Me costó mucho acostumbrarme a la comida liofilizada de la Marathon Des Sables. Cuando terminas y llegas a la civilización, te pones a comer como un animal. Y tras terminar Sables, estuve un par de días por Marruecos, con la consiguiente cantidad de especias que ponen a cualquier comida (dice, sonriendo). Le das el estómago el doble de lo que necesita. Y después, al volver a España y antes de emprender el viaje de vuelta para la Titan, comí los ágapes a los que estoy acostumbrado, pero mi estómago ya andaba revuelto. Encima era semana santa… (y rompe a carcajadas). Antes de empezar la Titan, tenía la barriga destrozada. Con todo el trajín, casi sufrió más el estómago que las piernas.

-Y ahora a pensar ya en nuevas aventuras. ¿Cuál es el próximo reto que tienes ya entre manos?

Este próximo fin de semana, voy a correr el Maratón de Vitoria, llevo años sin poder correrla y me apetece mucho. Después también estoy trabajando para estar en los 10.000 metros del Soplao, apoyando las causas solidarias de este evento, y estoy ultimando mis vacaciones para saber si puedo estar en el Ultraman de Motril. Al final, lo que me da de comer es mi trabajo, por lo que todo lo que hago lo debo supeditar a éste.  No me da la vida para ir a todos los sitios a los que me gustaría ir. También quiero sacarme la espina de ese triple Ironman consecutivo que se me sigue resistiendo y para final de campaña estamos trabajando en un gran proyecto solidario, de aquellos retos que me gustan especialmente. Este año 2019 ha empezado muy bien y espero poder cerrarlo también de forma muy bonita, con la consecución de este gran reto solidario que aún no puedo revelar.

-¿La vida, sin un reto que vivir, vale la pena respirarla?   

(Toma aire antes de responder). Para mí, los retos deportivos se han convertido en una filosofía de vida. Mucha gente me dice, y yo soy el primero que lo pienso, que cargo demasiado el año. Pero vivo en un reto constante, necesito tener un reto y una ilusión a corto plazo para sentirme vivo y para motivarme. Tienes que tener algo muy cerca para calzarte las zapatillas, salir a nadar o coger la bici… es una forma de tener mi cuerpo activo y de estar motivado para afrontar próximos objetivos y metas. 

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