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Material - Zapatillas - jueves, 18-01-2018

Hoka One One Arahi – La prueba

No podemos negar que hacía tiempo que teníamos ganas de probar unas Hoka One One. La marca de la que mucha gente habla y una de las zapatillas que más están usando desde triatletas en Hawaii como ultrarunners en UTMB hasta ahora no habían pasado por nuestros pies, pero eso ya ha cambiado. Ya hemos recibido un modelo de la marca francesa. Concretamente, las Hoka One One Arahi, unas zapatillas que nos han sorprendido con un comportamiento muy diferente al que uno puede pensar a priori al abrir la caja y antes de empezar a correr con ellas.

Valga decir que principalmente Hoka One One construye desde 2010 zapatillas maximalistas, es decir con enormes mediosuelas que ofrecen amortiguación y protección extrema. Han sobrevivido a la tendencia minimalista de los últimos años y se han posicionado como la marca referencia en este tipo de calzado.

Una de las principales características de las Hoka es la enorme amortiguación que ofrece con un precio contenido. Su aspecto sobredimensionado en la suela hace presagiar que podrían marcar en la báscula cerca de los 400 gramos. Nada más lejos de la realidad. Apenas 291 gramos con una talla 45 (el fabricante declara 265 en la talla 43). Pero antes de meternos en faena es imprescindible remarcar que las Arahi son unas zapatillas de entrenamiento dirigidas a corredores de peso hasta 85 kilos que puedan necesitar estabilidad en su pisada y para cualquier tipo de distancia.

Las Arahi nacen con la intención de dar respuesta a los usuarios de Hoka que pronen desde su primera zancada o cuando el cansancio se apodera de ellos. En este sentido, para pisadas pronadoras, Hoka ofrece en asfalto las Gaviota para corredores más pesados y las Arahi para corredores de peso medio.  

En cuanto a la parte superior de la zapatilla, una pequeña crítica para empezar. A pesar de tener una base anchísima, el upper es muy estrecho a partir del medio pie en adelante y sí, puede ofrecer un enorme ajuste, pero los pies anchos como los míos sufren demasiado y he tenido que aflojarme los cordones para poder ir cómodo. En el talón, en cambio, el espacio es más que suficiente.

El acceso del pie a la zapatilla es cómodo. Dispone de un collarín ancho y acolchado de contenidas dimensiones, al igual que la lengüeta, también mullida y con una altura perfecta. Completa este conjunto la confortable plantilla Ortholite, que combate el olor con un tratamiento con biocidas respetuoso con el medio ambiente.

El upper es muy tupido; demasiado para mi gusto cuando las temperaturas superan los 15 grados, ya que penaliza la transpirabilidad. Por otra parte, múltiples líneas termoselladas -3D Puff le llaman- a lo largo de toda la zapatilla garantizan una excelente protección. Justo les hemos hecho unos 200 kilómetros y no notamos en ningún caso el menos síntoma de debilidad en cuanto a la durabilidad. Dan la sensación de que puede durar kilómetros y kilómetros.

Aunque llamen la atención en su totalidad, es obviamente la suela lo que más destaca. Como hemos comentado, se trata de una parte sobredimensionada, muy gruesa y amplia, aunque sorprendentemente ligera. Cuenta con una base muy ancha, estándar en Hoka, que se caracteriza con algunas piezas de caucho de mayor densidad -tecnología J le llaman– que asegurar ese extra de estabilidad cuando lo necesitamos. Las encontramos en el talón y se extienden hasta un poco antes de la mitad del pie.

En los primeros pasos con ellas se nota ya la enorme comodidad que ofrecen. Sin embargo, uno se siente raro. Más alto y con una base exagerada, como con zapatones. Una sensación que curiosamente desaparece cuando empezamos a correr. La forma de su suela, Meta Rocker según la marca, hace que la pisada se adelante algo y la tendencia para los taloneadores sea más de pisar con el medio pie. Y ahí, las primeras impresiones de torpeza desaparecen e incluso se puede notar como la energía que empleamos en la pisada la absorbe y la retorna para seguir corriendo.

De todas formas, no hay que perder de vista que estamos delante de unas zapatillas con un dropp de 5mm y que flexionar una gran cantidad de material en cada pisada, lo que en mi caso ha necesitado una pequeña transición de unos 100 kilómetros. Antes de ésta acababa algo tocado en la zona del arco plantar. Tras este tiempo de transición puedo acumular kilómetros sin ningún tipo de problema y al ser tan ligeras -habida cuenta de sus dimensiones- puedo mantener ritmos ligeros sin problema.

En cuanto a la suela en sí, ofrece buen agarre tanto en seco como en mojado. Cuenta con partes de caucho de mayor y menos dureza y resistencia para mejorar el rendimiento y la durabilidad de ésta. Solo un pero, en caminos con piedras hay algunas zonas de la suela demasiado blandas que provoca que nos podamos notar alguna piedra en demasía, incluso se nos puede quedar alojada en las enormes aberturas de sus surcos.

Para ser las primeras Hoka One One con las que corro, y habida cuenta de sus especiales características, puedo afirmar que estoy gratamente sorprendido con el rendimiento que son capaces de ofrecer. Abandonando el prejuicio que tenía de ellas, me he encontrado con un modelo más ligero y efectivo de lo que me imaginaba. Sí creía que iban a ser muy cómodas, como así he confirmado. Además, corrige mi pronación de una forma progresiva y poco intrusiva.

Son ideales para hacer entrenamientos diarios tanto de rodajes como tiradas medias y largas para quienes busquen un modelo ligero que ofrezca la máxima amortiguación y estabilidad.

Precio recomendado: 130 euros. Precio tarifa en la web oficial, 91 euros