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Psicología - miércoles, 06-05-2020

¿Indefensión aprendida y profecías autocumplidas en el deporte?

Indefensión aprendida y profecías autocumplidas… ¿También en el deporte?

¡Nunca subestimes el poder de tus pensamientos y de tus palabras! Los fenómenos de los que te vamos a hablar a continuación podrían parecerte una forma de “predecir el futuro” … Una confirmación del famoso “si lo crees, lo creas”. Y es que nuestras creencias influyen en cómo interpretamos y reaccionamos ante las experiencias vitales y, obviamente, deportivas.

Planificamos cada entrenamiento, cuidamos nuestra alimentación, nos realizamos masajes preventivos… ya que, en nuestro esquema mental, éstas son las tan conocidas y documentadas claves del éxito.

La vida no es una línea recta, a lo largo de nuestra preparación pueden darse situaciones que escapen a nuestro control (como la que estamos viviendo en la actualidad). Y es que, nuestros actos no siempre generan el efecto deseado.

Indefensión aprendida

En ocasiones, cuando una persona se enfrenta a este tipo de situaciones de forma repetitiva, corre el riesgo de caer en lo que M. Seligman denomina como indefensión aprendida. Un estado psicológico donde la persona se siente incapaz de manejar y ejercer algún tipo de impacto sobre la situación que está viviendo, lo que le lleva a evitarla o mostrar pasividad ante la misma.

¿Tú también tienes una competición que se te “atraganta” cada año? Pensar y creerte que te irá mal, hagas lo que hagas, te impide dar lo mejor de ti.

Aunque posteriormente la situación se resuelva, seguirás creyendo que ha sido por factores ajenos a tu persona (locus de control externo), por lo que reforzarás un patrón de no afrontamiento, evitación, huida, bloqueo o paralización ante ésta o situaciones adversas similares. Se trata de una atribución interna negativa y estable, ya que existe un mensaje de culpa y/o incompetencia del tipo “esto no se me da bien”.

Es una creencia limitante que afecta seriamente a la motivación, autoestima y bloquea el desarrollo personal. Algunos autores la asocian a tres tipos de distorsiones:

  • Cognitivas: Disonancia o incongruencia entre acción y efecto (a pesar de tener una preparación perfecta no he logrado la marca esperada)
  • Motivacionales: Reducción de conductas enfocadas a optimizar resultados (no merece la pena esforzarse)
  • Emocionales: Dificultades para la gestión del malestar (estado afectivo negativo)

¿Y qué ocurre con lo que piensan los otros acerca de mí? Piensa en tu entrenador o compañero/as de equipo, por ejemplo…

Profecía autocumplida

Has de saber, que las creencias que tiene una persona sobre otra influyen directamente en su rendimiento. A este fenómeno se le conoce como efecto Pigmalión o “profecía autocumplida”. Y es que, de manera consciente o inconsciente, lo que nuestro entorno espera de nosotros nos afecta y da lugar a que se desencadenen un conjunto de acciones que acaban por confirmar sus expectativas. Así lo demostraron R. Rosenthal y L. Jacobson en sus estudios.

Si haces ver a una persona que la valoras y crees en ella, generarás tal impacto positivo que ésta movilizará todos sus recursos para lograrlo. Sin embargo, la repercusión de este efecto también puede ser negativa, disminuyendo la autoestima del sujeto y suponiendo una barrera para que éste alcance sus objetivos.

A modo de resumen, tus creencias y expectativas, unidas a las de los otros, influyen en tu rendimiento. No lo determinan en su totalidad (puesto que éste depende de más factores), pero tienen una gran repercusión.

¿Qué podemos hacer? 

Será necesario aprender nuevas estrategias y habilidades que te permitan reafirmar tus capacidades, te devuelvan la sensación de control sobre tu vida y te impulsen, por tanto, a la obtención de tus metas:

  • Identifica pensamientos anticipativos. Evita hacer predicciones catastróficas. Cometer un error a menudo no significa que estés destinado a repetirlo de por vida.
  • Analiza las creencias que se esconden tras esas predicciones. ¿Son útiles o por el contrario te limitan? La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) nos dice que puedes incluso ponerles nombre y/o darles las gracias, para cuando aparezcan, evitar quedarte “enganchado” en ellas. (¡Ah, sí! La historia de soy un fracasado. Gracias mente).
  • Reformula tus expectativas de éxito y adáptalas a la realidad. Qué preparación llevas, cómo te estás encontrando, cómo es tu descanso, nutrición, características del entorno… En definitiva, sé sincero contigo mismo/a.
  • Autoconfianza. Toma conciencia de lo que «Sí eres capaz». Confía en tus recursos y habilidades para la resolución de problemas. Reconoce tus logros y felicítate por ellos. Mantén una actitud positiva y una percepción de autoeficacia alta. Es decir: ¡cree en ti!
  • Planificación. Analiza la situación en conjunto. Ten en cuenta imprevistos que podrían alterar aquello que esperas y busca alternativas en lo que dependa de ti (adaptar el ritmo a la temperatura prevista/dureza del terreno)
  • Recupera experiencias pasadas que desconfirmen tus anticipaciones. Busca ejemplos positivos y presta atención a aquellas situaciones adversas que ahora consideras oportunidades, ya que te permitieron introducir cambios y mejoras a distintos niveles. Es decir, te hicieron más resiliente.
  • Sé consciente de la influencia de tu entorno y predica con el ejemplo. Es decir, no te juzgues y presta atención a las “etiquetas” que usas con otras personas. Cambia el “ser” por el “estar” (No [es/soy] lento, puede que esté fatigado por un exceso de entrenamiento)

Sigue estos consejos para luchar contra la indefensión aprendida y contra profecías incumplidas, apóyate de tu entorno cercano. Y, si lo necesitas, busca ayuda de un profesional cualificado, sobre todo si se ve afectado tu desempeño y funcionalidad en varios ámbitos de tu vida.