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Kimetto se queda a 22 segundos del récord

“Si no voy al Mundial de Moscú, intentaré batir el récord en Berlín”, proclamó Dennis Kipruto Kimetto tras su victoria en el Maratón de Tokyo con un tiempo de 2:06'50 y un premio de medio millón de euros que viajaron a su cuenta de Eldoret. Pues bien, ni Moscú ni Berlín. Finalmente el keniano se decidió por el Maratón de Chicago y, aunque no ha batido los 2:03'23 de Kipsang, tampoco se puede decir que le fuera nada mal, ya que ganó con una marca histórica, el cuarto mejor registrode la historia, 2:03'45.

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Desde su triunfo por sorpresa en el medio maratón de Nairobi en 2011, la progresión de Kimetto ha sido vertiginosa: 2:04’16 en Berlín 2012, entonces quinto mejor registro de la historia en maratón, y 71’18 minutos en Big 25K, también en la capital alemana, plusmarca mundial de la distancia ¡con 17 años!

Eso decía el pasaporte de Dennis Kipruto Koech, que había nacido en 1994. Ni el apellido Koech ni su fecha de nacimiento eran, sin embargo, correctos. Al autentificar el récord se verificó que el nombre familiar real es Kimetto, y el año de nacimiento 1984. Un error de bulto, aunque este dato en los pasaportes de los corredores kenianos siempre es aproximado.

Las selecciones de los países europeos se quejan a menudo y con razón del aspecto poco juvenil de algunos juniors kenianos o etíopes. No se trata de un engaño sino de un ajuste cultural. La única partida de nacimiento que tienen los kenianos es su segundo nombre. A diferencia de la de Occidente, es verbal y no incluye una fecha sino una circunstancia. Un Kipruto, como Dennis Kipruto Kimetto, es alguien nacido lejos de casa (kip-ruto), importa menos que día o año. La fecha de nacimiento que luego utilizarán los funcionarios que expiden el pasaporte será la de su ingreso en la escuela pública, menos cuatro años.

La explicación de por qué se hace así es sencilla: el primer registro en Kenya se documenta en la escolarización, obligatoria a partir de los cuatro años. En la práctica, si el pequeño vive en el bush (monte), a unas cuantas millas de la escuela, no irá a clase hasta los cinco ó seis, ó siete, cuando esté preparado para volver corriendo a casa con los pies descalzos y el estómago vacío. El primer día de clase, su maestra, que gana 100 euros al mes y vive en la misma escuela, le habrá apuntado con un lápiz de grafito entre los nuevos, supuestamente los de cuatro años, junto a su fecha de entrada. Al menos en su pasaporte siempre será unos años más joven.

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