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Lesiones - miércoles, 04-03-2020

La cara B de una Maratón

Poco se habla de las lesiones, de las diferentes formas en las que afecta a un corredor a la hora de preparar una maratón. De la frustración que genera tener que parar durante meses y dejar de hacer aquello que te hace realmente feliz. De la impotencia, las molestias y la incertidumbre por saber cuándo podrás volver.

En ocasiones el destino es muy caprichoso, te coloca contra las cuerdas sin opción a réplica en un chasquido. Unas décimas de segundo bastan para que tu vida de un giro de 180º, para que todo se paralice, para que te toque volver a empezar.

Una inoportuna torcedura provocó que mi tobillo izquierdo se partiese a la mitad, que mis ligamentos se luxasen y mi peroné se desplazase. Que tuviese que pasar en dos ocasiones por el quirófano para poner y quitar una placa y seis tornillos.

Nadie está preparado para aceptar que una grave lesión te va a borrar de un plumazo todos tus objetivos laborales y deportivos por mucho, mucho tiempo. Una fractura que te hace sentir frágil, que te empapa de vulnerabilidad y te obliga a aceptar que eres dependiente. Que te obliga en muchas ocasiones a luchar contra tu peor versión.

Nadie quiere dejar de hacer aquello que le hace sentir especial, para dejar de hacer aquello que le carga de energía, para asumir que un simple resbalón quizás te prive para siempre de volver a correr una maratón.

Nadie quiere pasar meses entre fisioterapeutas, traumatólogos ni desplazándose con muletas. Realizando incontables horas de ejercicios repetitivos en soledad que ponen a prueba tu constancia, paciencia y fortaleza mental. Para luchar en muchas ocasiones contra tu peor versión.

Una lesión me obligó a diario contra mis propios fantasmas, reconociendo mi torpeza de valorar las cosas únicamente cuando ya no las puedes hacer. Un tropiezo que esculpió positivamente mi carácter renovó mis preferencias, me hizo mucho más agradecida, humilde, y tolerante.

Una fractura que me enseñó que correr era mucho más que calzarse unas zapatillas o colgarse un dorsal. Que el correr maratones había llenado mi vida de retos, de nuevas oportunidades, de ocasiones para conseguir mi mejor versión.

Ahora casi dos años y medio después vuelvo a estar a pocos días de volver a correr una maratón. Llena de miedo e ilusión a partes iguales, con ganas de cerrar una etapa que tantas cosas buenas me ha enseñado, de volver a conquistar una meta tan soñada.