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Psicología - Salud - viernes, 24-04-2020

La competición nos define

La competición nos define

Desde pequeños hemos escuchado que lo importante es participar. En el juego y en la competición en sí hay una escuela fabulosa para descubrirnos a nosotros mismos y nuestras capacidades y habilidades. La competición nos define más allá del resultado.
La competición siempre educa el carácter, nos enseña a ganar y a perder. Aprendemos a disfrutar la victoria y a manejar la frustración de la derrota, a trabajar en equipo, a respetar las reglas, a pagar el precio de hacer trampas, a hacer esfuerzos, a diseñar estrategias, la importancia del entrenamiento y la planificación… La competición es como la vida en un ámbito reducido.
Siguiendo el rastro de deportistas de referencia en diferentes disciplinas hemos visto que hay lecciones que solo pueden aprenderse cuando persigues un objetivo y lo haces mientras compites con otros, que lo buscan a la vez. Lecciones que son muy válidas para la vida en general.

Podemos destaca las siguientes:

– El equipo es fundamental. En el deporte y en la vida, alcanzar las propias metas sin ayuda de nadie resulta, en muchas ocasiones, más complicado. Es muy difícil que uno alcance solo sus metas, sin la ayuda de nadie. Trabajar en equipo supone desarrollar capacidades como el respeto, la responsabilidad o la empatía. La sumo de todos los integrantes de un equipo puede hacer que cada miembro crezca, sintiendo que el equipo tira de él hacia arriba.

– Respeto por el otro. Sin rivales no hay competición. El problema es cuando en ellos solo se ve al enemigo, olvidando que de los rivales también se aprenden muchas cosas. Son una fuente de conocimiento cuando los observamos desde el respeto. Es maravillosa la costumbre en el rugby de celebrar los dos equipos el final del partido compartiendo una cerveza.

– Ambición por alcanzar nuevas metas. Sin nuevos retos, sin nuevos proyectos es complicado conservar la ilusión. Es algo necesario para cualquier deportista, pero también para cualquier persona. Se trata de tener sueños y, sobretodo, planes para hacerlos reales.

– Aprovechar al máximo los recursos. Tanto en la vida como en el deporte, tenemos que jugar con las cartas que tenemos. Para obtener un buen resultado son fundamentales las herramientas que utilizamos, y estas pueden ser desde unas zapatillas, una bicicleta, una raqueta o un balón. Puede que no tengamos las mejores, que haya otras superiores en el mercado, pero son las que tenemos en ese momento. Lo que sí es importante es ser lo creativos para sacarles todo el provecho, conocerlas para extraer todo su rendimiento.

– Confianza. En ti mismo y en tus posibilidades. La competición y el juego te animan a tener un pensamiento positivo sobre tus opciones. A disfrutar el esfuerzo sabiendo que quizás no alcances tu meta, pero en la convicción de que confiar en las opciones, individuales y del equipo, es esencial para que el éxito se consiga.

– Saber perder. Los buenos competidores tienen una buena relación con la victoria y también con la derrota. Les duele cuando pierden, pero es una realidad con la que han aprendido a relacionase. Hay un gran aprendizaje en la derrota y en los errores que se cometen, ya que son ellos los que te llevan al éxito.

– Celebrar. Disfrutar los éxitos. La celebración nos da sentido a nuestro esfuerzo y supone un empujón a seguir soñando con los siguientes retos.

El deporte y la competición pueden sacar lo mejor, y lo peor de nosotros. Pero no es el deporte ni la competición en sí lo que genera estas dos polaridades, sino el aprendizaje, la madurez, nuestros comportamientos e interpretaciones lo que nos definen como un tipo de deportistas, u otro.

Artículo creado por Mireia Oteros.