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Club Running - lunes, 27-04-2015

La historia ignorada de Peter Norman en los JJOO de Méjico’68

Un blanco apoyó a los atletas negros que protestaban por las diferencias raciales en el podio de los Juegos Olímpicos de Méjico de 1968. En la ceremonia de la entrega de medallas de los 200m, los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos, que habían terminado primero y tercero, descalzos y con la cabeza baja, levantaron el puño enfundado con un guante negro mientras sonaba el himno de Estados Unidos, protagonizando la imagen más impactante de aquellos Juegos. El Black Power le hacía saber al mundo que los negros no gozaban de la libertad a la que se refería la letra de su himno.

Lo que no es muy conocido es que quien compartía podio con ellos porque había quedado segundo, Peter Norman, un atleta blanco de 26 años nacido en Australia que sabiendo el acto reivindicativo que querían hacer se quiso implicar en su lucha. En su país los aborígenes también estaban excluidos de la sociedad y entendía que era un gesto universal contra el racismo. Llevaba en el lado izquierdo del chándal, como ellos dos, una insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, una campaña que quería llevar el conflicto de los negros al ámbito deportivo. Y además, fue él quien les sugirió que compartieran el par de guantes cuando, al acercarse al podio, se dieron cuenta de que sólo uno de ellos los tenía. Esto explica porque uno levantó la mano derecha y el otro la mano izquierda.

Los dos estadounidenses fueron expulsados ​​de los Juegos. Castigados por su gesto, no pudieron volver a competir nunca más. El gobierno australiano reprendió a Norman severamente, la prensa del país lo condenó al ostracismo y el comité olímpico australiano tampoco le perdonó su acto solidario: no lo convocó para los Juegos siguientes de Múnich'72, aunque se había ganado la plaza.

Peter Norman, que nunca reclamó la medalla de oro del ganador Tommie Smith, murió de un ataque al corazón hace nueve años, a los 64. Su mejor tiempo en los 200 metros (20,06) todavía es el récord de Australia de la distancia. Si bien sufrió un enorme rechazo en su país cuando regresó pasados los Juegos, y no buena parte de la sociedad australiana no llegó a perdonarle nunca su gesto, Smith y Carlos asistieron a su funeral en el 2006 y quisieron llevarlo a hombros al terminar la ceremonia.