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La mejor forma de correr un maratón

Existen muchas maneras de gestionar el esfuerzo a lo largo de una maratón pero lo lógico sería el “negative split”. Cuando corremos a nuestro máximo nivel, el aporte energético a nuestros músculos es uno de los factores limitantes. De este modo, cuando se corren 100 metros al máximo, la energía disponible inmediatamente se agota al cabo de 6 o 7 segundos. Esto implica que antes del final de la carrera se habrá acabado este tipo de energía y perderemos velocidad. Lo mismo ocurre en las carreras de 200, 400 y 800 metros.

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A partir del 1500, la estrategia energética es diferente. Se corre a ritmo alto pero sin utilizar la energía de disponibilidad inmediata, que se guarda para el último esprín. De este modo, la velocidad final es más alta que la velocidad a mitad de la prueba. Y esto ocurre en las carreras de 3000, 5000, 10000… ¿Y la maratón?

Se ha discutido mucho sobre cuál es la mejor manera de correr una maratón pero todo parece indicar que seguirá el mismo patrón que el 10000: ritmo alto de crucero durante toda la prueba e incremento de velocidad hacia el final. El problema es que la maratón es muy larga y podríamos llegar al final con energía disponible pero sin fuerzas para mover las piernas. Entonces, ¿qué ha fallado? Si cuando corres una maratón no consigues acabar más fuerte al final se puede deber a dos situaciones: has empezado demasiado rápido (has gastado una energía que no tocaba en ese momento) o te ha faltado entrenamiento para aguantar muscularmente la distancia.

Ahora ya lo sabes: la maratón se corre con “negative split”, la segunda mitad más rápida que la primera.

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