Home Noticias Actualidad La última semana del maratón ¡Miedorrrr!
Actualidad - Noticias - martes, 03-03-2015

La última semana del maratón ¡Miedorrrr!

A penas faltan unos días para la gran cita y ya está todo el trabajo hecho. Llevamos varios meses entrenando a horas intempestivas, buscando huecos para poder hacer nuestras tiradas largas, madrugando o incluso sacrificando nuestra hora de ir a comer para poder preparar nuestro reto.

Última semana, ahora ya está “todo el pescado vendido” y sólo cabe esperar y descansar hasta que llegue el domingo. Parece fácil, ¿verdad?  Sin embargo, son estas jornadas previas en las que se revela en nosotros un verdadero hipocondríaco en potencia. La frase que más nos repetimos quizá sea algo así como “con todos los sacrificios que he hecho hasta ahora, sólo falta que no pueda correr por una tontería”. Y es que ahora cualquier error de cálculo, cualquier imprevisto nos puede dejar K.O y enviar todo el trabajo realizado al garete.

Lo cierto es que la rutina de uno de esos días previos puede convertirse en un infierno. Te levantas por la mañana, analizas tu primera pisada en el suelo, “vaya, parece que me duele un poco aquí, ¡uy! no debo haber dormido en buena postura, me duele la espalda ¿debería ir al osteópata para que me recoloque?”. Desayunas “debería desayunar esto o aquello, el día de la carrera quizá debería probar aquello otro, parece que la leche no me acaba de sentar bien, a lo peor soy intolerante a la lactosa, quizá el domingo deba beber zumo…” Sales a la calle “mmm, hace frío, voy a ponerme bufanda, gorro, guantes y un plumón de 4 capas, no vaya a ser que me resfríe”. Llegas al trabajo y te reúnes con tu jefe que lleva un gripazo encima que no veas, mientras te habla no para de toser, le dices que sí a todo lo que te manda a 15 metros de distancia para que no te contagie y no le rebates ni una de sus absurdas ideas con tal de salir rápidamente de su despacho.

Es el cumpleaños de un compañero y ¡horror! trae pastelitos, donuts y chuches… Entonces, aparece un angelito en tu hombro derecho diciendo que no comas nada de eso, que el domingo tienes que hacer 42km y no te puedes permitir ahora  esas porquerías.  Al instante aparece en tu hombro izquierdo un demonio que te dice que sí, que qué va a pasar,  queda mucho para el domingo, eso lo quemas esta tarde rodando un poco. Por fin sales del trabajo y te vas a entrenar. No sabes si ir lento o si ir rápido, si hacer mucho o pocoa ver si ahora por ir rápido me voy a  romper, tengo que aflojar y guardar fuerzas” y si vas lento “me está doliendo todo a este ritmo, parece que se me cargan los gemelos de ir tan lento, mañana iré al masajista”. Bueno, al final acabas el entreno y te vas a la ducha, pero, “adiós, ¡no hay agua caliente! ¡Maldita sea, me voy a resfriar!” te duchas a la antigua usanza con cazos de agua caliente.

Te preparas la cena, una tortilla, “pero uy, comer huevos puede ser peligroso, no quiero pillar una salmonelosis ahora, ¡fuera!. ¿Me hago pasta? No, no que igual soy celíaco y me sienta mal”. Cuando por fin has cenado te vas a dormir, no sin antes regular la calefacción de la casa “parece que hace frio, la subo” al rato “parece que hace calor la bajo. Durante la noche te da un calambre¡cáspita! Tengo que prevenir esto el día de la carrera, voy a tomarme unas pastillas de potasio que tengo guardadas” lees el prospecto y no te convencen sus efectos secundarios, así que  buscas en internet a ver que dicen sobre el potasio “sí, puede prevenir los calambres, pero una sobredosis puede ser tóxico y provocar mareos y nauseas. Oh no no, mejor no me lo tomo!” Al final te vas a dormir con unas ojeras que te llegan al suelo, reventado y rogando a San Filípides que por favor llegue ya el domingo. Pero, amigo runner, aún te queda toda una semana por delante. Nadie dijo que preparar una maratón fuera fácil.