Aprender de una lesión

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No toda lesión tiene consecuencias malas

Aprender de una lesión

Asumir lo ocurrido, diseñar el mejor plan para volver a correr tras la recuperación, aprender a marcar nuevos objetivos. Lo que nos permite aprender de una lesión

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Por el Lunes, 13-11-2017 en

En ocasiones las cosas pasan cuando menos te lo esperas, cuando te sientes más capaz de conseguir lo que llevas meses peleando, cuando te encuentras más cerca de tu próximo objetivo. Una simple torcedura rompió mi tobillo en dos, un solo instante fue capaz de acabar con todos mis planes de un zarpazo. Pocos días después salía del hospital con una placa y seis tornillos y con un único deseo: volver a correr.

Luchar contra una lesión grave te inunda de frustración, de incomprensión, de pánico por la posibilidad de no poder volver a hacer aquello que te apasiona.

Dedicas los primeros días a buscar culpables, causas, a maldecir tu mala suerte. A perder la confianza, a dudar de tu fuerza, de tu capacidad para salir adelante. A sentir cólera porque te haya tocado a ti, a envidiar a aquellos que si podrán cumplir aquel objetivo por el que tú has sacrificado tantas cosas.

Por suerte pronto te das cuenta que debes dejar de lamentarte, asumir lo ocurrido y diseñar el mejor plan para volver. El entrenamiento de las destrezas psicológicas es esencial para poder aprender a gestionar de forma inteligente la lesión, para mirarla con más optimismo, para ser capaz de retarla.

Bloquear los pensamientos negativos y controlar el estrés no es nada fácil. Tu vida se desacelera, tu mundo se detiene sin poder controlarlo. El secreto reside en conseguir sacar la parte positiva de tener que parar y aceptar que a veces la vida tiene otros planes para nosotros.

Toca aprender a marcar nuevos objetivos, fijar expectativas reales con los tiempos de recuperación, seguir creyendo en la disciplina sin dejar de soñar con el día que volverás a trotar.

Solemos cometer la torpeza de valorar las cosas únicamente cuando las perdemos, cuando alguna circunstancia nos impide disfrutarlas. Sin duda una de las cosas más importantes que me está enseñando la lesión es a valorar todo lo que aporta en mi vida el correr. 

Empecé a correr porque alguien me dijo que nunca sería capaz de acabar una maratón. El desafío funcionó en mí como un interruptor y poco a poco el atletismo pasó a ser uno de los pilares en mi vida. Correr me hace enormemente feliz, es capaz de sacar lo mejor de mí, hace que me sienta viva.

Potencia mi creatividad, me ayuda a luchar contra mis fantasmas, mejora mi humor cuando me sobrepasa la fatiga. Elimina mis excusas, me saca de mi zona de confort, mi convierte en el mejor ejemplo que mis hijos puedan tener. Me ayuda a retarme a diario, a rodearme de cientos de historias de superación. Su práctica me hace mucho más tenaz, valiente, libre.

Ahora toca seguir trabajando, visualizando el próximo objetivo para volver mucho más fuerte. A veces los contratiempos se convierten en los verdaderos retos.

 

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