Lesiones: periostitis o fascitis tibial

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Lesiones: periostitis o fascitis tibial-257
Muy típica de los corredores de fondo y medio fondo

Lesiones: periostitis o fascitis tibial

La continua tracción del hueso y su periostio (membarana que lo cubre) irrita a éste y degenera ligeramente.

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Por el Miércoles, 06-02-2013 en

Al igual que os contaba en un artículo anterior que la palabra tendinitis ha pasado a mejor vida y su lugar lo ha ocupado la tendinosis, ahora le llega el turno a la palabra periostitis. Todos los corredores que hemos sumado kilómetros y kilómetros en nuestras piernas conocemos esta palabra: o la hemos sufrido o algún amigo nuestro la ha sufrido. ¿Y qué creíamos que era? Según el nombre que lleva no podía tener otra explicación que la inflamación del periostio, la membrana que recubre el hueso; y su lugar más habitual para aparecer era en la tibia.

Durante mucho años se creyó que los impactos repetidos una y otra vez con el talón en el suelo mientras corríamos, y principalmente en los suelos duros como el asfalto o el tartán, causaban unas vibraciones en las tibias que irritaban el periostio y éste se inflamaba produciendo el característico dolor en la cara interna del hueso. Pero ahora existe otra teoría que consiste en que los músculos de la parte profunda de la pierna (en especial el sóleo, el flexor largo de los dedos y la fascia que los recubre), son los causantes de este dolor por su continua tracción del hueso y su periostio. A su vez, esta tracción continua no inflama el periostio sino que lo irrita y degenera ligeramente.

De esta manera, algunos autores han empezado a llamar esta lesión como fascitis tibial, por que se asemeja mucho a la famosa fascitis plantar. Pero no os preocupéis por el cambio de concepto ya que el tratamiento será más o menos el mismo.

El primer paso para recuperarnos será reducir el volumen y la calidad de nuestra carrera a pie; es incluso recomendable dejar de correr durante un par de semanas aunque sí que podremos salir en bici o correr en el agua (aqua-running). También recomendaría las sesiones de magnetoterapia y de ultrasonidos para reparar el daño del periostio así como los ejercicios de propiocepción (equilibrio) y, si tenemos acceso a un gimnasio, el refuerzo de la musculatura afectada: se pueden hacer sentadillas, ejercicios para los gemelos (y demás músculos de la parte posterior de la pierna), subir escaleras y saltar a la cuerda si no nos molesta.

A medida que avanzamos en el tratamiento, la carrera a pie se puede introducir pero escogiendo las superficies más blandas posibles (césped, arena de playa, etc) y sin llegar a intensidades altas, así como intercalar uno o dos minutos andando cada cinco de carrera.

En resumen: a menudo, las lesiones se producen por un desequilibrio entre la carga de entrenamiento y el tiempo de descanso. Es importante ser cautos y progresivos (en especial si hemos empezado a correr después de varios años de poca actividad deportiva). La musculatura necesita su adaptación y aunque nos parezca que ir a seis minutos el mil no supone mucho esfuerzo, nuestro cuerpo necesita  estar adaptado para soportar esos impactos. Una buena base en el gimnasio y una transición progresiva a la carrera con ejercicios en cuesta o en las escaleras serán nuestros mejores aliados para no sufrir lesiones en el futuro.

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