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Medicina deportiva - Salud - jueves, 18-09-2014

Los antiinflamatorios ¿Ayudan o perjudican?

Existen muchas marcas de antiinflamatorios en el mercado y muchos deportistas hacen un uso indiscriminado de ellos. Casi cualquier dolor o molestia es susceptible de ser tratado (sin consultar a un médico) con un antiinflamatorio. Y el dolor se va, o no, pero ¿sabemos realmente qué es lo que nos pasa y qué hace el antiinflamatorio en nuestro cuerpo?

En primer lugar, tenemos que diferenciar los dos tipos principales de antiinflamatorios: los esteroideos y los no-esteroideos (AINEs). Los primeros no están al alcance sin receta médica y, además, dan positivo en los controles anti-doping así que no deberíamos hacer uso de ellos a menos que el médico lo estime muy oportuno. Pero los segundos, los famosos AINEs, sí están disponibles sin receta médica y se suele abusar de ellos. Dentro de esta categoría están los famosos ácido acetilsalicílico (Aspirina) y el ibuprofeno, aunque hay muchos más.

Estos antiinflamatorios tienen entre sus “víctimas” a las prostaglandinas. Las prostaglandinas se encargan de varias funciones, entre ellas la vasodilatación que permite que llegue más sangre a los tendones. Es decir, el uso de antiinflamatorios disminuye la presencia de prostaglandinas y esto es un problema para la irrigación de los tendones.

Se sabe que el tendón, de por sí, tiene muy poco aporte de sangre. Esta es una de las razones por las que sus lesiones tardan tanto en curar. Pero también se sabe que el tendón aumenta su circulación sanguínea hasta diez veces más a causa del ejercicio físico. Cuanto más ejercicio físico (y más intenso), mejor aporte sanguíneo tendrán nuestros tendones. Pero si el ejercicio físico es escaso o de poca intensidad, los tendones recibirán muy poca sangre y, como consecuencia, tendrán pocas opciones de repararse en caso de lesión.

Si a esta falta de irrigación sanguínea se le suma el uso de medicamentos antiinflamatorios, el panorama de curación del tendón aparece muy oscuro y se entra en un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir: el tendón duele, por lo tanto tomo antiinflamatorio y no hago ejercicio, cada vez le llega menos sangre, por lo tanto no se cura y cuando vuelvo a empezar me duele de nuevo.

Entonces, ¿qué se debe hacer para evitar este círculo vicioso y recuperarnos de una lesión tendinosa? En primer lugar, no tomar antiinflamatorios y, en segundo lugar, hacer ejercicio tan intenso como la lesión nos lo permita en este momento.

De hecho, el ejercicio físico puede aumentar el aporte sanguíneo incluso cuando no se trabaja un tendón en particular. Es decir, si tienes una lesión en el tendón de Aquiles izquierdo y te duele tanto que no puedes hacer nada con él, trabaja el derecho y te ayudará a recuperarte de la lesión en el izquierdo.

Luego ponte de puntillas, camina, salta a la cuerda y ve progresando en tu rutina de ejercicios (tanto en tiempo como en intensidad) a medida que el tendón responda bien. Pero ármate de paciencia porque los tendones tardan en recuperar incluso sin el “freno” de los antiinflamatorios.

Ahora que ya sabes qué hacen los antiinflamatorios en tu cuerpo cuando padeces una lesión tendinosa, ¿volverás a tomarlos?