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Consejos - Entrenamiento - viernes, 12-08-2016

Los secretos del éxito de Michael Phelps

Ya poco se puede decir sobre Michael Phelps que el público no sepa. Tras anunciar su retirada al término de los juegos de Londres 2012, el “tiburón de Baltimore” cambió de idea para lanzarse de nuevo al agua en la piscina olímpica de Río de Janeiro y elevar su casillero de medallas a un nivel inalcanzable para un ser humano corriente. Sin duda este deportista ha sido bendecido por un ser supremo, pero detrás de unas condiciones innatas para su especialidad hay muchos detalles que le han llevado al olimpo de la natación.

No podemos obviar que el físico de Phelps presenta unas peculiaridades que le otorgan unas cualidades idóneas para su hegemonía en la piscina. Su desproporcionado cuerpo, con un torso considerablemente largo respecto a sus piernas le concede una ventaja notable. Por un lado, su envergadura al extender los brazos es de 2,03 metros, 10 centímetros superior a lo normal en un nadador de su estatura (1,93 metros), algo que le favorece en su poderosísima brazada. Por el contrario, sus extremidades inferiores corresponden a las de una persona con una estatura de 1,80 metros, lo que le permite una propulsión mucho más eficiente que a otros nadadores con piernas más largas, a la vez que reduce su resistencia al agua.

La alimentación del estadounidense es otra de las claves de su espectacular rendimiento. A sus 31 años y con 88 kilos, ingiere entre 10.000 y 12.000 calorías diarias para resistir las 5 horas de entrenamiento que realiza todos los días de la semana, en la que viene a nadar unos 80 kilómetros. Su dieta está compuesta por tres generosas comidas diarias ricas en carbohidratos que ayudan a la recuperación de sus músculos. Su porcentaje de grasa corporal de tan solo el 4% le brinda más velocidad, mientras que por otro lado su cuerpo produce la mitad de ácido láctico de lo normal, lo que colabora en aumentar su resistencia durante la competición.

A su mencionado entrenamiento intensivo en la piscina suma un riguroso trabajo de gimnasio que además refuerza con unas técnicas de recuperación basadas en la medicina alternativa. En Río se ha podido ver el cuerpo del nadador con unos misteriosos círculos en su piel que no son otra cosa que las huellas de una terapia de cupping también conocida como ventosaterapia, en la que se aplican unos vasos calientes a modo de ventosa en algunos puntos del cuerpo, para crear un vacío que elimina las toxinas a la vez que estimula los músculos y favorece el flujo de sangre, colaborando en la recuperación del deportista.

La preparación mental también es parte importante en los entrenamientos de Phelps, que en cada ocasión que se acerca a la piscina lo hace tremendamente concentrado y escuchando música. El estadounidense es también un amante del póker -que algunos deportistas aseguran que les favorece a la hora de entrenar la concentración- hasta el punto que se le ha visto enfrentarse a los profesionales de este juego en un torneo como la PokerStars Caribbean Adventure, uno de los eventos más importantes del mundo.

Es indudable que Michael Phelps no deja nada al azar y cuando se decide a competir solo le vale ganar. Tras la temporal retirada después de su gran actuación en los juegos de Londres y algunos contratiempos posteriores, el deportista olímpico más laureado de la historia no ha acudido a Río 2016 con la única intención de sumar su cuarta participación olímpica como aventuraban algunos agoreros. Cuando el “tiburón de Baltimore” se lanza a la piscina sólo piensa en la victoria y automáticamente las medallas se encarecen para sus rivales. Si no estás de acuerdo sólo mira cómo se prepara.