Correr durante el embarazo

Medicina deportiva
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¿Puede el cuerpo de una mujer embarazada resistir la carrera continua? ¿Es beneficioso o perjudicial?

Correr durante el embarazo

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Por el Lunes, 10-11-2014 en

Cada vez está más en boca de todos el debate sobre el ejercicio físico durante el embarazo. Está claro que, a menos que sea un embarazo de riesgo, se desaconseja la inactividad. Pero, ¿hasta qué punto es bueno hacer ejercicio físico? ¿Fue una temeridad el 800 que corrió Alysia Montaño, la chica de la flor en el pelo, en 2’32” estando embarazada de ocho meses? Por desgracia yo no soy médico ni experto en gestación para responderte a todas las preguntas, pero sí puedo indicarte desde el punto de vista de un fisioterapeuta qué le ocurrirá a tu cuerpo si decides correr durante el embarazo. 

En primer lugar, es adecuado describir que el cuerpo de la mujer cambia casi a diario durante los nueve meses y así lo hará su manera de moverse. Durante el primer trimestre, donde casi no hay aumento de peso ni grandes diferencias en el centro de masas, la actividad puede realizarse sin modificaciones significativas. Los músculos trabajan de la misma manera y, en todo caso, hay que extremar la precaución si existe un exceso de laxitud.

Con las hormonas que se segregan durante el embarazo, los ligamentos de la mujer se vuelven más laxos y articulaciones como la sacroilíaca (en la espalda baja) o algunas lumbares, pueden padecer exceso de movimiento. Este movimiento excesivo puede traducirse en dolor o malestar, por lo que convendrá reforzar la musculatura local o, en todo caso, utilizar una cincha iliaca (como un cinturón) para aumentar la estabilidad. Seguro que si se lo preguntas a tu fisioterapeuta te sacará de dudas.

A medida que pasan las semanas y los meses, el peso de la mujer va aumentando y se modifica poco a poco la posición bípeda. El centro de gravedad se traslada hacia adelante y la compensación más habitual para mitigarlo es la anteversión de la pelvis (algo así como poner el culo “en pompa”) y el excesivo arqueo lumbar. Por otro lado, toda la cadena posterior se tensa y músculos como los isquiotibiales, los gemelos, los glúteos y la mayoría de los músculos de la espalda, empiezan a trabajar más.

Al ponernos en marcha, lo primero que hay que entender es que el cuerpo pesa más y la mayoría de movimientos requieren más tiempo para realizarlos. Sólo caminando ya se puede observar que los pasos son más cortos y el tiempo que está en pie en el suelo es más largo. Es algo así como caminar con una mochila, pero la mochila la llevamos en la parte delantera del cuerpo. Por esta razón, siempre sufrirán más los músculos posteriores que tienen que evitar que nos caigamos de bruces. En este sentido, si pretendemos correr tendremos a favor que “el cuerpo se nos va hacia delante”, pero para evitar caernos tendremos que poner el pie al suelo mucho más rápido y el paso será muy corto.

Otro tema muy importante es el trabajo extra que necesitan realizar los tendones. Los tendones son estructuras muy fuertes capaces de resistir grandes dosis de trabajo, pero se adaptan de manera lenta a los cambios bruscos de intensidad o de peso. Por ejemplo, es muy habitual que los tendones se lesionen si hemos subido de peso o hemos empezado a correr o caminar con mochila (como los que hacen el camino de Santiago). Con el embarazo, el aumento de peso es progresivo y los tendones deberían adaptarse bien al cambio si antes ya hacíamos ejercicio.

Y por último, hace falta prestar atención a la musculatura del suelo pélvico. Esta zona muy olvidada necesita especial atención durante el embarazo, ya que las cargas que recibe son de mayor intensidad. Lo ideal sería que visitaras a un fisioterapeuta especialista en suelo pélvico para que valorara el tono de tu musculatura y te explicara, in situ, qué ejercicios realizar para fortalecer la musculatura. Piensa que un suelo pélvico en buen estado te facilitará el parto y te evitará complicaciones como la episiotomía. 

En conclusión: no dejes de hacer deporte si lo hacías antes de quedarte embarazada, sólo presta atención a las modificaciones que sufre tu cuerpo y adáptate. Reduce progresivamente la intensidad porque el peso extra ya añade suficiente trabajo. Y si eras poco activa antes del embarazo, sal a caminar de vez en cuando y visita a tu fisioterapeuta. Piensa que un embarazo bien llevado aumenta las garantías de recuperarte antes y mejor.

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