Correr por los que no pueden

Opinión
Correr por los que no pueden-90230
Mi experiencia con Egoísmo Positivo

Correr por los que no pueden

Os recomiendo vivir una experiencia como esta: no haces marca, no subes al podio, pero llegas a casa con el alma alegre y después de haber hecho algo genial por los que no pueden

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Por el Lunes, 05-09-2016 en

El fin de semana pasado, mis Skechers GoRun Ride5 y yo participamos en la Cursa de Poble Nou, una carrera de 10k que se hace en un barrio de Barcelona y que forma parte del Challenge 10k. Ha sido la primera vez que la disputo de esta forma, a pesar de ser una carrera que ya lleva años celebrándose. Y ha sido un estreno muy especial.

Debido a la lesión en curso, llevo 2 semanas corriendo muy poco, más otras 3 haciendo como máximo unos 5 kilómetros semanales, por lo que mi estado de forma no se puede calificar de los mejores… Y todavía me queda esperar otras 4 semanas sin poder correr en serio, sólo haciendo entrenos alternativos, como elíptica y/o bicicleta.

Pero el fisio me dio permiso para correr en la carrera, ya que no iba a ir “a por todas”, si no que el programa era totalmente diferente: tenía una cita especial ineludible con Egoísmo Positivo. Correr por los que no pueden hacerlo, gracias a la invitación de Alex Parreño, co-fundador de este grupo junto con Jesús Oliver, que ahora cumple su primer año de vida.

La filosofía de esta “familia” es que todo el mundo, independientemente de su condición física, puede hacer todo lo que se proponga; la única diferencia es que algunas personas necesitan algo de ayuda, pero eso, con buena voluntad, se soluciona muy fácilmente.

Egoísmo Positivo se da cita una hora antes de la salida, “tunean” las sillas con banderolas, cubren los radios de las ruedas con unos paneles hechos para estas ocasiones, todos se visten con la misma camiseta y uniformados formando piña, salen en cabeza en las carreras, un par de minutos antes de la salida oficial de los corredores, con Alex como capitán, ataviado con su atuendo “discreto”-su peluca y su megáfono- y van todos a una.

El domingo nos juntamos 11 sillas y entre 40 y 60 corredores. Yo conocía ya a Raquel, una de las chicas que van en silla, y en mi estreno con este grupo he optado por ir de nuevo con ella: me daba seguridad. Con otras 3 personas formamos el “Raquel’s team” y tras el briefing previo a la salida, todos cargados de dosis y dosis de ilusión, nos dirigimos hacia al arco de salida. Tengo que reconocer que cuando el speaker nos nombró y anunció nuestra toma de posiciones, con toda la atención del público fijada en nuestro grupo y aplaudiendo, se me llenaron los ojos de lágrimas. Ya lo dicen: los deportistas somos “pura fibra” y a mí, esto de Egoísmo Positivo, ha conseguido tocarme hasta el último micrón de esa fibra.

La sensación en la línea de salida, esperando que dieran el pistoletazo de salida, era totalmente nueva y desconocida para mí: no eran nervios, tensión, mariposas en el estómago… como cuando corres para hacer el mejor tiempo posible. Era simplemente ilusión.

Por motivos ajenos a la organización (las ambulancias y el médico llegaron con retraso), la carrera empezó aproximadamente 45 minutos más tarde de lo previsto. Los minutos iban pasando y la temperatura, subiendo, lo que para un grupo lento y delicado como el nuestro, no era lo más apropiado, pero estos acompañantes lo tienen todo muy bien estudiado y saben cómo tienen que actuar en todo momento y están muy pendientes de las necesidades de los chicos; durante la carrera fuimos cantando, tocando el silbato, incluso nos picamos entre nosotros haciendo micro carreras, pero también fuimos parando, reagrupando, refrescando a los chicos hasta juntarnos en el km 7 con las familias de los chicos y al llegar al km 9, Alex, que no paró de motivarnos ni un solo momento, nos dio una súper inyección de energía y a partir de ese momento, fue fantástico. Fue una auténtica súper fiesta. Casi en meta, nos juntamos de nuevo, ya que no se trataba de una competición, si no de un compartir, con el fin de entrar todos juntos a meta y cruzar la línea al unísono. Fue un momento precioso, pues los chicos que tienen fuerza y movilidad en las piernas, se levantaron de sus sillas y llegaron a cruzar la meta andando. Yo tuve el honor, de nuevo con lágrimas en los ojos, de compartir ese momento con Raquel y su padre.

A la llegada nos esperaba un buen catering para reponer fuerzas: bebidas varias, bocadillo de butifarra, yogur y helado. Y, además, una mención al grupo, con medalla para los chicos. Un momento muy emotivo.

Chicos, os recomiendo vivir una experiencia como esta: no haces marca, no subes al podio, pero llegas a casa con el alma alegre y muy enriquecida.

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