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Club Running - miércoles, 27-07-2016

Renaud Lavillenie: En el aire

Renaud Lavillenie, francés de 29 años, saltador de pértiga. Denota rendimiento en todo su cuerpo. El peso justo y necesario para la competición es un ejemplo. Resopla levemente antes de hacer los saltos como si le ayudara a sentirse más liviano, como si ese soplo le empujara más arriba. Es entonces cuando agarra la pértiga, la eleva, se impulsa y corre.

Correr le permite volar. Durante los últimos cinco metros de carrera, hace un esprint para ganar energía extra. Cuando consiguió el nuevo world record en 2015, llegó a ir a unos 30km/h. Pero claro, la velocidad no es lo único que influye en el salto. Un saltador de pértiga necesita controlar el tiempo para saber el momento indicado en el que debe dejar caer la pértiga para ahorrarse esas décimas de segundo de arrastre. Controla la longitud de cada zancada para que el último paso quede bajo la mano superior en el momento en que la pértiga se desliza cayendo en la caja y se clava. Lavillenie sabe con precisión dónde debe colocar los pies.

En 2014 saltó 6,16m, batiendo un récord mundial imbatido durante 21 años. No es tan alto como la mayoría de saltadores de pértiga, con sus 1,75m, pero si es uno de los más rápidos y con mejor técnica. Peter McGinnis, catedrático en kinesiología por la universidad SUNY Cortland y asesor del equipo estadounidense de atletismo, ha analizado algunos de sus saltos y ha averiguado las claves de la diferencia en rendimiento entre él y otros atletas: el ángulo de despegue. El de la mayoría de atletas es de unos 18 grados, mientras el de Lavillenie es menor. La velocidad final, antes de despegar del suelo es superior a la de cualquiera, además de mantener un ritmo constante en los dos últimos pasos. Todo esto hace que se mantenga tras la pértiga durante más tiempo. Aprovecha mejor y acumula más energía cinética que el resto.

Lavillenie utiliza una pértiga únicamente hecha de fibra de vidrio; es un poco más gruesa en el centro, punto que debe soportar mayor presión cuando se dobla. Cuando clava la pértiga en la caja, ejerce fuerza sobre ella con la mano inferior. En el momento en que se separa del suelo, pende de la mano superior y la pértiga se comprime como si se tratara de un muelle.

Cuando la pértiga empieza a recobrar la forma original, Lavellenie es catapultado hacia arriba y se gira apenas milisegundos después de que sus pies pasen la barra, para empezar a arquearse. La posición media de su centro de gravedad es inferior incluso cuando su torso ha logrado pasar por encima de la barra y con esta técnica solo precisa impulsarse cerca de la barra, no necesariamente sobre esta. Una vez deja la pértiga, gira la cadera para poder visualizar la barra y abrir rápidamente las piernas para frenar la rotación para estabilizarse.

Justo en el instante en que su centro de gravedad cruza la barra, deja de elevarse y su cuerpo deja atrás a esta, a más de seis metros de altura en su mejor momento. Y salta la barra, controlando su cuerpo para no tocarla, ni siquiera rozarla.

Y llega la caída de unos 6 metros. Durante el tiempo de vuelo, le da para apretar el puño antes de tocar la colchoneta, para terminar sonriendo.

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