Mariano Haro, el runner mesetario

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27 campeonatos nacionales y dos subcampeonatos mundiales de cross le avalan

Mariano Haro, el runner mesetario

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Por el Martes, 08-10-2013 en

Mariano Haro, cumplidos los 73 años, vio el pasado 23 de septiembre como por fin la ciudad de Palencia le ponía su nombre al polideportivo del Barrio del Cristo, situado bajo la Imagen que abraza la capital de la Tierra de Campos. “Más vale tarde que nunca”, comentó el mítico ex atleta castellano, con sus proverbial franqueza. La instalación deportiva, moderna y necesaria, está lejos de la precariedad en la que atleta palentino, nacido en Valladolid, tuvo que sacar adelante su carrera deportiva.

Hijo de un albañil aficionado a las carreras pedestres, Haro empezó como los campeones kenianos en la meseta del Rift Valley, corriendo desde su casa a la escuela, en su caso de Becerril de Campos a Palencia, 16 kilómetros ida y vuelta por la Meseta castellana, que en esta zona se sitúa a casi 800 metros de altura sobre el nivel del mar. Trabajó en una azucarera de Monzón de Campos, a la que se llegaba por un camino de piedras, a la carrera y tirando de la bici. Los campos helados y el calor sofocante del verano continental en la Meseta del Duero moldearon sin duda el carácter sufridor y competitivo del “León de Becerril”.

Inalcanzable para el resto de los fondistas locales, Haro fue admirado en toda España, idolatrado en el País Vasco y tenido en cuenta fuera de un país en el que los deportes individuales todavía se asomaba tímidamente al resto del mundo. En la década de los setenta fue un icono del castellano recio y echado palante, de la Castilla gentil, humilde y brava que describió  Machado. Su rostro afilado por el esfuerzo y el talento para codearse deportivamente con los mejores, le hicieron muy popular. Lo nunca visto.

Haro llegó a conquistar 27 títulos de campeón nacional de campo a través y pista, pero se dio a conocer sobre todo por las “giras” que realizaba por los pueblos de España y por las carreras que se disputaban en plazas de toros. También gracias a la televisión, al medirse con los más grandes a nivel internacional. Fue doble subcampeón mundial de cross y se quedó a un peldaño del podio en los Juegos Olímpicos de  Munich 1972, con su cuarto puesto en 10.000, (27’48.14 minutos, récord nacional) y  a las puertas de ser el primer atleta español que lograba una medalla olímpica.

Lo intentó de nuevo en los Juegos de Montreal 1976, finalizando sexto también en el 10.000. El ganador volvió a ser el mismo atleta que en Munich, el finlandés Lasse Viren, cuatro medallas de oro en dos Juegos Olímpicos consecutivos, doblete en 5000 y 10.000. Viren era casi la antítesis del español, espigado, zancada amplia y perilla frente a las pobladas patillas del palentino, la zancada corta pero frecuente y  brazos pegados al cuerpo, puede que una herencia de correr con el material escolar en las manos.

En la final de Munich, Viren sufrió una caída a media carrera pero se recuperó milagrosamente y contactó con el grupo. Haro tiró en cabeza de carrera a falta de 500 metros, pero el finlandés dinamitó la última vuelta con un cambio de ritmo brutal, llevándose en su estela al belga Emil Puttemans y al etíope Mirus Yifter, mientras español se descolgaba del trío que completaría el podio.

Viren fue acusado posteriormente de haber  hecho trampas al recurrir a las autotransfusiones sanguíneas para la mejora del rendimiento, practica sancionada ahora por el código AMA. “Yo corría todo lo que podía”, responde lacónicamente el corredor mesetario cada vez que alguien le recuerda el caso. “Mi doping era un cocido de garbanzos”, añade ante la insistencia.

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