Un madrileño en la eDreams Mitja Marató de Barcelona

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Cuando se trata de correr, los otros temas quedan a parte

Un madrileño en la eDreams Mitja Marató de Barcelona

Vivimos tiempos convulsos, con estúpidos boicots en uno y otro bando. Simplificación y polarización, blanco o negro. O conmigo o contra mí.

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Por el Lunes, 29-01-2018 en

Cuando vas a 180 pulsaciones por minuto los análisis y prejuicios políticos, sobre si aquel corre con una camiseta de España o de Cataluña pasan a segundo plano, aunque solo sea por mera supervivencia. Conviene dedicar todas las neuronas a acordarse de respirar, y seguir insistiendo a los músculos, en la no fácil tarea de persistir en la tortura. Y la verdad, según está el panorama, no me negareis que es maravilloso. Es cojonudo.

Por mucha metafísica y mensajes motivadores para justificar por qué corremos, al final, solamente nos queda una razón y es extremadamente simple. Corremos porque nos gusta. El más independentista y el más españolista. No sirve darle más vueltas. Es una actividad que requiere tanto esfuerzo, que no la harías si no te gustase. Y por eso corremos. En Barcelona o en Madrid.

Trabajé durante 12 años, para una empresa que tenía todas sus fábricas en Cataluña, en Barberà del Vallès. Como jefe de compras, pasaba no menos de una hora diaria, hablando con compañeros de trabajo a los que se les escapaba de vez en cuando hablarme en catalán. Siempre me gustó la musicalidad del idioma. Los idiomas por definición, son “sistemas de comunicación” y en aquella época jamás tuve ningún problema para que esta comunicación fuera fluida. Ojala fuera así ahora. Sabéis a que me refiero.

Vivimos tiempos convulsos, con estúpidos boicots en uno y otro bando. Simplificación y polarización, blanco o negro. O conmigo o contra mí. Corrí mi tercera maratón en Barcelona en 2015 y me gustó mucho tanto la ciudad, como la organización. Fue una experiencia ampliamente positiva. Tarde o temprano sabía que repetiría. Tome la decisión de volver a correr en Barcelona el 18 de Agosto de 2017, el día después del horror del terrorismo.

Estaba aún lesionado y aunque no formalicé mi inscripción a la maratón hasta diciembre, pero ya había decidido que si estaba sano, sería mi manera de decir NO TINC POR (no tengo miedo).

Y al final todo se reduce a eso. El corredor de larga distancia es optimista por naturaleza. Nadie en su sano juicio, apuesta contra la física del cuerpo, para ganarle la apuesta al espacio/tiempo. Pero allí estará, la línea de salida, llena de “Don Quijotes”, retando a la distancia montando sus Rocinante. Sabiendo que chocaremos con el muro de los molinos. Que muchos fracasaremos.

Tras semanas de preparación, allí ira un madrileño para chocar contra molinos imaginarios. Y meses después ahí estaré enseñándole los dientes a la carrera que no perdona, la maratón. En lo deportivo correr una prueba, que no has corrido antes siempre es un aliciente. Situada a un mes exacto de la Maratón de Barcelona, de tal manera que sirve de tradicional test al maratoniano medio, para saber en qué punto se encuentra de forma.

Barcelona tiene un circuito de media maratón realmente rápido. Calles anchas y amplias avenidas evitando giros ratoneros, con una altimetría amable, que hizo lograr a Florence Kiplagat en 2015, el  record del mundo femenino con 01h05´09”, en su momento y ahora la cuarta marca más rápida de todos los tiempos. Este año además cuenta con el aliciente entre otros, de ver a uno de los referentes nacionales como Carles Castillejo, buscando la plaza para el Mundial de Media Maratón que se diputará en Valencia.

Son 21.097 metros en busca de la gloria de cada uno, en una de las grandes carreras nacionales. En tiempos del o blanco o negro. Del conmigo o sin mí a este madrileño le sale del corazón correr en Barcelona. Formar parte de esos 15.245 corredores que cruzaron la meta de Barcelona en 2017. Son esos pequeños e insignificantes detalles de carrera. O quizás no tan insignificantes. Porque correr después de todo, es un ejercicio de voluntad. No sabes cuánto puedes aguantar, hasta que llevas mas allá la ambición, de lo que tus piernas pueden rendir. Y ahí estará un madrileño, que eligió luchar contra el ácido láctico de sus piernas en Barcelona.

Dedicado a todos mis amigos de las más variopintas opiniones políticas en Cataluña: a Toni, a Krlos, a Julián, a Isidro, a Mauri, a Patricia, etc. Os quiero. Yo corro Barcelona. Correr a fin de cuentas es la mejor manera de deciros que el madrileño os aprecia.

Yo he decidido correr en Barcelona. Llamadme loco.

 

 

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