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Stop Sanfilippo: Primera etapa

Aún no eran las 3 de la madrugada. Reinaba el silencio en la noche y los cuatro dormíamos plácidamente. De repente se oye gritar a Jesús: "¡¡Lo he visto, lo he visto, tío te digo que lo he visto….!!" Alejandro, que era el que estaba compartiendo habitación con él, le pregunta que qué le ocurre. Enseguida vio que esta sonámbulo y que estaba soñando. Intentó calmarlo :

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-tío, estás bien?

– sí, sí…

-habrá sido la pizza… concluyó, Alejandro antes de seguir durmiendo.

La noche previa, habíamos tenido una cena muy animada, donde lloramos de la risa. El ambiente era excepcional y a todos se nos había olvidado un poco lo que hoy nos esperaba. 50 kilómetros, ni más ni menos. Quizá a Jesús le entró un ataque de pánico nocturno.

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El caso es que a las 7 a.m estábamos todos con los ojos como platos y repitiendo la frase de la noche:" Lo he visto, lo he visto…" El buen humor reinaba en el grupo, aunque se percibía cierta concentración en los rostros. Tras hacer las gestiones pertinentes con el coche y con la bici de Arturo ( él iba a ser nuestro "director técnico") empezamos a correr. El terreno era mucho más abrupto de lo que en principio creíamos que iba a ser y, además, hacía muchísimo viento. La belleza de los acantilados competía con la dureza de la trazada del camino. El norte de la isla es muy salvaje y no es cómodo correr por él. Que la etapa de hoy era la más extrem y la más larga pronto lo descubrimos. Hacía calor y el viento nos secaba la boca. Bebimos y nos tomamos algún complemento nutricional a los 10km, incluso Alenjandro se puso colonia. Lo miramos sorprendidos y él nos espetó que le gustaba oler bien.

Todo iba según lo previsto hasta pasados los 20, salvo una pequeña vuelta absurda que dimos por equivocación y que el agua se nos estaba acabando. Creíamos que en algún lugar del recorrido habría algún lugar donde repostar. Pero nada de nada, en 50km no había donde comprar una gota de agua. Esto nos pasó factura a partir del 30, donde tras otro par de kilómetros extra por un tramo mal señalado, nos enfrentamos a la parte más dura del día. Los calambres se apoderaron de mí y lo pasé realmente mal, habiendo momentos en que mis compañeros tuvieron que ayudarme, como si de un herido de guerra se tratara. Alejandro argumentaba que eso hacía el reto más épico y que a la postre nos uniría más. La cosa se tornó seria y la deshidratación empezó a pasarnos factura. Parecíamos unos perdidos en el desierto que no hacían más que soñar con un oasis.

Tras atravesar Cala en Blanes, Punta Nati, Cala Morell, Algairens, El Pilar, Ets Alocs, Cala en Calderer, Binimel.là y Cavalleria. Por fin se completó la primera jornada, una jornada que resulta muy emotiva y en la que incluso Alejandro rompió a llorar como un niño por el gran esfuerzo realizado. Arturo nos recogió en el coche y nos llevó a nuestro apartamento. Ha sido muy duro y realmente hemos sufrido, pero al final lo que queda ha sido una maravillosa experiencia, que a buen seguro nos unirá y nos hará más fuertes para afrontar las siguientes etapas. Mañana tocan otros cuántos kilómetros y ahora hay que descansar bien.

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