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Actualidad - Noticias - miércoles, 02-12-2015

Tu enemigo número uno: tu madre

Tanto si eres un corredor nobel como si eres uno experimentado, sabes que correr no es fácil. Desde del primer kilometro seguido que corres hasta si corres una ultra maratón son muchos los palos en la ruedas: flato, problemas intestinales, lesiones, fatiga, falta de motivación. La lista de enemigos es numerosa. Pero el más terrible de todos lo tienes en la familia. Tu madre es el enemigo número uno.

Tu madre vino al mundo con una única y exclusiva misión en la vida: que tú no corras. Y va a hacer todo lo posible para que no lo hagas. Una madre siempre quiere que su hijo esté rollizo y lustroso. Su índice de grasa corporal saludable difiere mucho del que indica la Organización Mundial de la Salud. Y claro cada vez que sales a correr quemas de media unas 800 calorías. Y eso no puede ser! Ella no entiende ni de endorfinas ni de nada. Bueno si, entiende de las suyas. De las que libera cuando oye a la vecina comentar lo lustroso que esta el hijo de la Encarna.

Hagamos memoria. Cuantas veces les habéis oído a vuestras madres lo de “¡HIJO, NO CORRAS!”. Yo cien mil millones de trillones de veces, sin exagerar.

¿Recordáis cuando salíamos por fin del colegio, totalmente desatados con ganas de ir al parque corriendo como locos? ¿Qué decía tu madre? Hijo, no corras. Si esta el suelo húmedo porque acaba de fregar, ella a lo suyo. Hijo no corras. Y así durante el resto de tu vida. Yo creo que la primera vez que me lo dijo yo iba gateando por el pasillo. Hijo, no corras.

Claro, que con esa obsesión continua que tiene por evitar que tú corras a veces nos mandaban mensajes contradictorios. Si tu padre aparecía por la otra esquina del parque te decía “corre con tu padre” y según te lanzabas te soltaba a bocajarro “hijo no corras”.

Y cuando estabas  jugando en la piscina a tirarse a bomba, tu madre “hijo no corras”. Bueno aquí también se le suma el socorrista que también debe ser de la liga anti corredores. Mucho hater del running hay me parece a mí.

Lo mismo pasaba cuando con 16 años le decías que tenías novia formal. Tu madre a lo suyo, hijo tú, no corras. No sé muy bien que tendrá que ver el running con la novia pero oye que ella decírmelo me lo decía. ¡Qué obsesión!

Que tú te vas a Pamplona a los San Fermines, a estar completamente borracho poniendo en serio riesgo tu salud y tu integridad física durante siete días le da igual. Tu madre erre que erre, Hijo no corras! Lo importante es que no corras…Si es que es fijación, ya me diréis.

Incluso ya independizado ellas siguen con su batalla. Lo peor llega cuando se entera que vas a correr un maratón.  Eso ya es acoso y derribo. Que si no estás bien, que si no comes, que para que te pegas esas palizas. . La estilizada figura que te deja preparar la maratón y las ojeras al adelgazarte la cara. Bueno cara de yonki es lo que se te queda la verdad. Para ella estás enfermo y toda la culpa la tiene tu manía de poner un pie delante de otro durante el mayor tiempo posible. El maratón es el enemigo número uno para tu madre. Y tu madre el enemigo número uno de correr.  Ella va a buscar argumentos (a veces hasta los más peregrinos) para que desistas.

Y ya mayorcito si sales de viaje con el coche ella te despedirá con un “Hijo no corras”. Porque madre no hay más que una y a correr me voy a la calle. Y por último os pido un favor, no le contéis a la mía que corro…;)

EN HOMENAJE A TODAS LAS MADRES DE CORREDORES.