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Un pastel de chocolate como premio

Alessandra Aguilar lleva toda una vida dedicada al atletismo. Ya apuntaba alto desde junior donde fue Campeona de Europa de cross en Charleroi, en 1997. Su constancia le ha llevado a ser la mejor maratoniana española de la última década, con cuatro carreras por debajo de 2:30. Mañana tomará la salida en el maratón mundialista de Moscú. “Seguro que lo daré todo y disfrutaré a tope de esta nueva experiencia. Me siento orgullosa una vez más de representar a España en esta gran cita”, escribía  ayer en su Facebook la atleta gallega desde la capital rusa.

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Conociendo como conozco a Aless y viendo como entrena y la dedicación que pone, seguro que lo hará bien. Con atletas como ella, no me extraña que el deporte femenino en España esté subiendo como la espuma. Esto no quiere decir que los chicos seamos unos vagos, pero en disciplina y capacidad de trabajo creo que ellas nos superan.

Todavía recuerdo un día en el Cross de Itálica, cuando Aless me invitó a descalentar después de la competición en Sevilla. Imprimió tal ritmo que creí que no llegaba entero al hotel, no exagero.

Os voy a contar la última de Alessandra: su pareja, Mario, que es policía y está en buena forma, suele acompañarla en los rodajes pero el otro día me comentó que había tenido que comprar una bici porque no podía seguir el ritmo de su media costilla. Y aun así, le cuesta seguirla.

Aless es una luchadora. Esta lucense de 35 años tiene una gran capacidad de sacrificio. Yo la veo cada mañana en las pistas haciendo series. Hasta 3 liebres necesita para aguantar el gran volumen de kilómetros que realiza. Por las tardes entrena cerca de su domicilio y con la ayuda de su marido, que como siga así va a poder pedir un dorsal para disputar la Vuelta a Burgos.

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Para mi la clave de su éxito es el trabajo y la constancia. La olímpica gallega, además,  se cuida a tope; presta mucha atención a la alimentación porque las anemias son el enemigo número uno de las maratonianas, visita al masajista cada día y descansa todo lo que puede entre las durísimas sesiones de entrenamiento. Tiene una debilidad, si se le puede llamar así: se come un pastel de chocolate en su pastelería del barrio. Eso si, sólo cuando hace un gran entreno o una buena competición. En esto me recuerda a El Gerruj, que no se privaba de comer algunos dulces y pastelitos antes de competir. Curiosa la manera que tienen algunos atletas de concentrarse.

¿Y que puedo decir de su faceta humana? Aún recuerdo en uno de los viajes con ella como conocí a su familia, a su padre Daniel, también maratoniano, como me echaron un cable ya que perdí el avión. Los Aguilar se enteraron y no dudaron un instante en invitarme a su casa en Lugo para pernoctar. Una familia ejemplar y hospitalaria define como es Alessandra. 

 

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